Manos entrelazadas como símbolo de acompañamiento emocional en el duelo perinatal tras la pérdida de un bebé

Duelo perinatal: sanar la pérdida de un bebé desde el amor

Inicio / Duelo / Duelo perinatal: sanar la pérdida de un bebé desde el amor

Las respuestas al duelo me las dio el corazón

¿Cuánto dura el duelo?
Es, seguramente, una de las preguntas más frecuentes cuando perdemos a alguien tan querido, tan esperado, tan amado.

Pero no es la única.
Empiezan a aparecer muchas más:
¿cuánto tiempo voy a estar así?,
¿cuándo volveré a tener ganas de ver a la gente?,
¿cuándo querré volver a empezar?,
¿volveré a ser yo?,
¿volveré a ser la misma?,
¿llegará un día en el que no duela?,
¿llegará un día en el que no lo recuerde?

Seguro que alguna —o muchas— de estas preguntas han pasado por tu mente alguna vez.
A mí también me pasó.
Y fue ahí cuando me di cuenta de algo muy importante:
todas esas preguntas nacían de mi mente, de mi ego…
pero no de mi corazón.
Y por eso no encontraba ninguna respuesta.

¿Sabes por qué?
Porque las respuestas no viven en la cabeza.
Las respuestas viven en el corazón.

Cuando dejé de buscar desde el “por qué”
y empecé a mirar desde el “para qué”,
desde el amor,
desde ese lugar profundo donde no hay miedo,
las respuestas empezaron a llegar solas.

Y con ellas llegó algo que llevaba mucho tiempo buscando:
la calma,
la paz,
esa luz de la que tanto hablo.

No puedo asegurarte cuánto tiempo durará tu duelo.
No puedo decirte cuándo volverás a sonreír,
cuándo te sentirás cómoda rodeada de gente,
ni cómo recordarás.

Pero sí puedo decirte algo desde mi experiencia:
yo he recorrido ese camino de preguntas, de dudas y de silencios…
y he salido de ahí.

Cada persona vive el duelo a su manera.
Unas necesitan más tiempo, otras menos.
Pero el aprendizaje que este proceso me ha regalado ha sido inmenso.

He vuelto a ser yo, sí,
pero una versión más fuerte, más consciente, más segura,
más llena de amor para poder compartirlo.

He vuelto a tener ganas de estar con las personas.
He aprendido a escuchar de verdad.
He entendido que antes oía, pero ahora escucho con el alma.

Sé que nunca olvidaré el día de su llegada
ni el día de su despedida.
Porque fue el día en el que Galadriel me iluminó con su luz.
Esa carita tan bonita, tan angelical,
esa imagen que no se borra,
porque no duele…
sostiene.
Me llena de amor y de paz para seguir.

Siento que la vida me ha hecho un regalo inmenso:
poder llevarla siempre a mi lado,
brillar juntas desde otro plano,
sentir que su alma camina cerca de la mía.

Y del mismo modo que yo siento su presencia,
siento que no estamos solas.
Que sus almas nos acompañan,
nos cuidan
y nos guían,
aunque no podamos verlas.

“Cuando el corazón habla, el duelo deja de doler y empieza a enseñar.”

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio