- 05/01/2026
- 11:00 am
Permitirme verte cambió mi forma de vivir el duelo perinatal
Hoy escribo para hablar del permiso que nos damos…
o que, a veces, no nos damos.
Del permiso de haberte visto.
Del permiso de agradecerme haberlo hecho.
Cuando atravesamos un duelo gestacional o la pérdida de un bebé, sentimos que tenemos muy poco tiempo para pensar.
Aunque nos digan que tenemos todo el tiempo del mundo, por dentro aparece la prisa.
La duda.
El miedo a equivocarnos.
Nos preguntamos si estamos tomando la mejor decisión,
si luego nos arrepentiremos,
si lo estamos haciendo bien o mal.
Yo lo tuve claro desde el primer momento:
quería verte.
Y me di el permiso de hacerlo.
También estoy profundamente agradecida al equipo de ginecología que nos acompañó en el Hospital de Manises.
Su forma de estar, de hablar y de acompañar, desde la experiencia de haber visto pasar por allí a tantas familias, fue muy importante para nosotros.
Nos explicaron la importancia de ver a nuestros bebés,
de tener un recuerdo real,
bonito,
de poder imaginarlos.
En procesos de duelo perinatal y pérdida durante el embarazo, el acompañamiento emocional y la información recibida marcan una diferencia profunda.
Con el paso del tiempo, agradezco cada día más haber tomado esa decisión.
Haberme permitido verte.
Haberte tenido en mis brazos.
Acariciarte.
Estar contigo.
Disfrutarte, aunque fuera solo un rato.
Esta semana me siento especialmente melancólica.
Quizá por las fechas.
Hay momentos del año en los que todo se siente más.
Son días de familia, de mesas llenas, de encuentros…
y también de notar quién no está físicamente, aunque sepamos que está de otra forma.
Y es precisamente por eso que agradezco tanto haberme dado el permiso de verte.
Porque gracias a haberte conocido físicamente,
gracias a haber visto tu rostro,
puedo imaginarte conmigo.
Puedo imaginarte en mis brazos.
Puedo imaginarte formando parte de nuestra mesa, de nuestra familia, de nuestra historia.
Muchas veces, cuando una familia decide no ver a su bebé, no es porque no quiera.
Nunca es por falta de amor.
Es porque se está perdida.
Porque no se cree que ese momento esté sucediendo de verdad.
Porque no sabe cómo actuar en medio del dolor de una pérdida de un hijo durante el embarazo.
Con el tiempo, muchas de esas familias desearían haberlo hecho.
Desearían haber tomado esa decisión.
Por eso, desde el respeto más profundo, animo a cualquier familia que esté pasando por algo así a que se permita ver a su bebé.
Porque ese recuerdo no se borra.
Se queda para siempre.
Y se convierte en una imagen llena de amor que acompaña toda la vida.
Os hablo desde el corazón.
Y deseo que en estas fiestas, alrededor de la mesa, se brinde por todas las personas que amamos…
estén o no estén presentes físicamente.
“Darse permiso también es una forma de amor que sana para siempre.”
Ana Belén

