- 20/08/2026
- 14:10
Los tiempos del duelo perinatal no los marca nadie más que tú
Cuando me quedé embarazada de Galadriel, tenía claro muchas cosas.
Tenía claro el amor que le tenía.
Tenía claro cómo sería su cuarto.
Tenía claro cómo cambiaría nuestra familia.
Y cuando ella se fue, también tenía claro algo más.
Tenía claro dónde quería que estuviera.
Había pensado en ello.
Lo había decidido.
Tenía un lugar para ella.
Un lugar que me parecía bonito.
Un lugar que sentía que era el correcto.
Hasta que la tuve en mis manos.
Hasta que la sostuve.
Hasta que la miré de cerca y entendí algo que ningún pensamiento previo podía haberme enseñado.
Que no estaba preparada para separarme de ella.
Que no estaba lista para que no estuviera en casa.
Y cambié de idea.
Así, sin más.
Sin sentirme mal por ello.
Sin pedir permiso.
Sin seguir ningún guion que nadie me hubiera marcado.
Porque eso es lo que el duelo perinatal me ha enseñado.
Que los tiempos son míos.
Que las decisiones son mías.
Que no hay una manera correcta de vivir la pérdida de un bebé.
Hay la manera de cada una.
Y la mía, en este momento, es esta.
Galadriel está en casa.
Y de momento, en casa se queda.
Porque necesito sentirla cerca.
Porque necesito saber que cuando me levanto por la mañana, está.
Que cuando llego a casa después de un día largo, está.
Que cuando los niños juegan y ríen y llenan la casa de vida, ella también forma parte de ese ruido.
De esa energía.
De ese amor.
Hay personas que no entienden esto.
Y lo entiendo.
Cada familia, cada madre, cada padre vive el duelo de una manera diferente.
Y todas las maneras son válidas.
Pero para mí, tenerla aquí no es quedarse en el dolor.
Es todo lo contrario.
Es una forma de amor.
Es una forma de decirle que sigue siendo parte de esta familia.
Que su lugar aquí no desaparece porque ella ya no esté físicamente de la misma manera.
Que seguimos siendo cinco.
Que siempre seremos cinco.
Cuando la tuve en mis manos, algo en mí lo entendió de golpe.
Que el vínculo que se crea cuando llevas a un bebé dentro es un vínculo que no se rompe.
Que el amor que sientes no tiene fecha de caducidad.
Que no hay ninguna prisa en el duelo.
Que puedo tardar todo el tiempo que necesite en estar lista para lo que sea que venga después.
Y que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a marcarme los plazos.
Eso es algo que quiero decirle a cualquier madre que esté leyendo esto y que esté en un proceso parecido.
No hay una manera correcta de llevar el duelo perinatal.
No hay un momento en el que tengas que estar lista para nada.
No hay ninguna decisión que debas tomar antes de sentirte preparada para tomarla.
Los tiempos del duelo son los de cada una.
Y respetar esos tiempos, honrarlos, no disculparse por ellos, es uno de los actos de amor propio más importantes que puedes hacer en este camino.
Quizás algún día me sienta preparada.
Quizás llegue un momento en el que sepa que es hora.
O quizás no.
Quizás Galadriel se quede en casa para siempre.
Y eso también está bien.
Porque lo que importa no es dónde está.
Lo que importa es que está.
Que la siento.
Que la nombro.
Que la quiero.
Que forma parte de nuestra vida de la manera más bonita que hemos sabido construir.
Y hoy, desde aquí, eso es suficiente.
Más que suficiente.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que los tiempos del amor no los marca nadie más que el corazón.
"Los plazos del duelo perinatal no los marca nadie. Los marca el corazón."
Ana Belén

