- 16/03/2026
- 1:59 pm
La magia de coger a un bebé después del duelo perinatal
Qué se siente al coger a un bebé después de la pérdida de un bebé
Hay momentos que la vida te pone delante y que nunca imaginas cómo vas a vivir… hasta que los atraviesas.
Uno de ellos, para mí, fue coger a un bebé después de mi duelo perinatal.
Gracias a Dios, tengo amigas muy cercanas que han sido mamás poco tiempo después de que yo lo fuera de Galadriel. Y he tenido el privilegio —porque así lo siento— de poder coger a sus bebés en brazos.
Todo esto ocurrió después de perderla a ella.
Y es una experiencia difícil de explicar con palabras, porque es una mezcla muy intensa de emociones.
Puede ser removida.
Puede ser delicada.
Pero también puede ser profundamente bonita, íntima y sanadora.
La primera vez que cogí a un bebé después de la pérdida de Galadriel, algo se movió muy dentro de mí.
Me removió, sí.
Pero no desde el dolor.
Desde el amor.
Al tener a ese bebé en brazos, me pasó algo muy bonito: la vi a ella.
La imaginé.
La sentí.
Escuché cómo ese bebé se relajaba conmigo.
Cómo se tranquilizaba.
Cómo encontraba calma en mis brazos.
Y en ese instante sentí una paz inmensa.
Fue algo tan íntimo, tan silencioso y tan profundo entre ese bebé y yo, que me hizo pensar que ella estaba bien.
Que Galadriel estaba en paz.
Porque lo que yo le transmito a esos bebés cuando los cojo es exactamente lo mismo que le transmito a ella.
La misma calma.
El mismo amor.
La misma presencia.
Y de alguna manera, sentir eso me recordó que el vínculo no se ha roto.
Solo se ha transformado.
Coger a otro bebé me lleva directamente a aquel momento en el que tuve a Galadriel en brazos.
Aquel momento tan breve… pero tan eterno.
Aquel privilegio de poder tenerla conmigo.
Aunque naciera sin latido.
Aunque fuera de otra forma.
Ese recuerdo vive en mí.
Y cuando cojo a otro bebé, ese recuerdo vuelve.
No desde la tristeza.
Desde la gratitud.
Desde la ternura.
Antes de mi duelo, coger a un bebé ya me parecía algo bonito.
Ahora… es diferente.
Ahora siento una conexión tan profunda, tan real, tan limpia, que solo puedo describirla con una palabra: mágica.
Es como si el amor se hubiera expandido.
Como si el corazón se hubiera abierto de otra manera.
Como si el alma reconociera algo que va más allá de lo visible.
Y quiero decir algo importante, con mucho respeto y sin juicios.
No todas estamos preparadas al mismo tiempo.
Algunas lo estarán antes.
Otras después.
Y otras, quizá, nunca.
Y todo está bien.
Pero si en algún momento de tu camino, después de haber perdido a tu bebé, tienes la oportunidad de coger en brazos a un bebé cercano… y en ese momento te apetece, hazlo.
No te fuerces.
No te compares.
Escúchate.
Pero si nace de ti, si el cuerpo lo pide, si el corazón se abre… hazlo.
Porque no te vas a arrepentir.
Vas a sentir algo tan bonito, tan profundo y tan verdadero, que se quedará grabado en ti para siempre.
No como una herida.
Sino como un recuerdo lleno de amor.
Y quizá, sin darte cuenta, ese pequeño gesto también te devuelva un pedacito de paz.
A veces, el amor vuelve a abrazarnos de formas inesperadas.
Ana Belén

