Mujer embarazada conectando con su bebé en una imagen íntima que representa el duelo perinatal y el amor que permanece

Duelo perinatal: lo que no se dijo también vive

Inicio / Duelo perinatal / Duelo perinatal: lo que no se dijo también vive

Duelo perinatal: cuando el amor sigue hablando incluso en el silencio

Hoy, mientras recordaba, me di cuenta de algo que a veces olvidamos:
en esta vida terrenal siempre se nos quedan cosas por decir.
Palabras, gestos, susurros que damos por hechos porque creemos que siempre habrá un “después”.
Pero cuando un alma decide partir antes de que podamos abrazarla como imaginábamos, algo dentro de nosotros se queda suspendido.

Hay cosas que les decimos a nuestros hijos cuando ríen, cuando lloran, cuando abren los ojos por primera vez, cuando hacen cualquier gesto…
Cosas que salen sin pensar:
“qué guapo”,
“qué pequeñita”,
“mamá te ama con todo”,
“qué suerte tenerte”.

Pero cuando un hijo llega solo al alma y no al mundo terrenal, todo cambia.
No hay reglas.
No hay guion.
Y de repente entiendes que quedaron palabras sin pronunciar, instantes sin vivir, silencios que un día imaginaste llenar de besos.

Recuerdo ese 27 de octubre como si todavía lo estuviera tocando.
Te miré y te dije lo guapa que eras, lo pequeñita que eras, y que mamá te amaba con toda el alma.
Observé tus dedos de pianista y vi en tu carita los rasgos de tu hermano Aritz.
Y aun así… sentí que había tanto, tantísimo más que quería decirte.

Mi mente pensaba sin parar, pero mi alma fue la que habló cuando te miré por última vez.
En ese instante de silencio absoluto, sentí una paz que nunca antes había sentido.
No pregunté “por qué”.
Te pregunté “para qué”.

Y al cerrar los ojos, te volví a ver.
No con los ojos del cuerpo, sino con los del alma.
Y ahí lo entendí:
tu para qué era mostrarme un camino que ni siquiera sabía que existía.

Has venido a enseñarme cuál es mi propósito.
Has venido a recordarme que el amor no siempre necesita cuerpo para sentirse.
Has venido a decirme que las palabras que no dije siguen vivas… porque el alma nunca necesita que las pronuncies para escucharlas.

Tu partida me ha enseñado que ningún padre, ninguna madre debería quedarse con la sensación de culpa por lo que no dijo o no hizo.
Porque incluso en las despedidas más cortas, el alma entiende lo que el corazón todavía no sabe expresar.

Y ahora sé que mi misión es acompañar a quienes viven estos silencios.
A quienes sienten que algo quedó incompleto.
A quienes buscan comprender lo incomprensible.

Porque aunque estas experiencias no están normalizadas, merecen ser nombradas, abrazadas y sostenidas…
para que nadie transite este camino sintiéndose extraño, roto o fuera de lugar.

Recuérdalo con calma:
lo que no dijiste no se perdió.
Todo lo que nace del amor encuentra su camino.

 

“El alma siempre escucha incluso aquello que nunca llegamos a decir.”

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio