- 19/01/2026
- 12:27 pm
El miedo también forma parte del duelo perinatal
El miedo tras la pérdida de un bebé
¡Hoy quiero hablarte del miedo.
Porque muchas veces creemos que no, pero después de la pérdida de un bebé —sea en el momento que sea— aparece ese sentimiento tan intenso y tan humano: el miedo.
¿Quién no ha sentido miedo alguna vez en su vida?
Todas. Absolutamente todas.
El miedo es un sentimiento que suele aparecer tras una pérdida.
Es normal sentirlo.
Forma parte del duelo.
Pero también es un sentimiento que, si se queda demasiado tiempo con nosotras, puede impedirnos vivir y disfrutar de la vida.
Cuando perdemos a un bebé, sobre todo las madres que lo hemos llevado dentro, que lo hemos sentido, que lo hemos hablado, que lo hemos acariciado a través de nuestra barriga, que lo hemos alimentado y hasta le hemos cantado… ese miedo se transforma muchas veces en pánico.
Miedo a volver a intentarlo.
Miedo a volver a pasar por lo mismo.
Miedo a ese estado constante de preocupación.
Miedo a que la historia se repita.
Y quiero decirte desde el corazón que sentir ese miedo es normal.
Todas —y te repito, TODAS— hemos sentido ese miedo de una forma u otra, durante más o menos tiempo.
Y es bueno reconocerlo, porque ese miedo también es parte del proceso del duelo que estamos atravesando.
Pero también es cierto que no podemos quedarnos a vivir en él.
Porque si lo hacemos, nuestra vida se apaga.
Se vuelve más oscura.
Pierde luz, pierde dirección y pierde incluso la capacidad de recordarnos cómo era sonreír.
Te cuento esto porque después de la pérdida de mi bebé, ese miedo entró en mí…
pero no pensando en un nuevo embarazo, sino pensando en los hijos que ya tenía.
Durante semanas veía el peligro en todas partes.
Pensaba constantemente que algo malo podía pasar.
Mi mente imaginaba escenarios que no existían y todo estaba provocado por ese miedo que se había instalado tras la pérdida.
Recuerdo salir a la calle y ver riesgos donde antes no los veía.
Cruzar la carretera y pensar en lo peor.
Subir unas escaleras y anticipar caídas.
Era como si mi propia mente estuviera constantemente poniendo en peligro a mis hijos.
Hasta que, gracias a mi pareja, me di cuenta de que estaba entrando en un bucle.
De que no estaba disfrutando de la vida.
De que no estaba disfrutando de mis hijos.
De que el miedo estaba ocupando un lugar que no le correspondía.
Fue entonces cuando pude darme cuenta de hasta qué punto ese miedo estaba dirigiendo mis pensamientos.
Yo creía que estaba bien, que simplemente estaba siendo precavida, pero desde fuera se veía claro que mi mente estaba creando escenarios que no eran reales.
Y ahí entendí algo muy importante: cuando el miedo nos invade, muchas veces no somos capaces de verlo solas.
Por eso es tan necesario pedir ayuda.
Apoyarnos en las personas que amamos y que nos aman.
Abrirnos.
Hablar.
Permitir que nos sostengan.
Porque cuando compartimos lo que nos duele con quienes nos quieren, la mayoría de las veces encontramos la luz que solas no veíamos y conseguimos empezar a salir de ese lugar tan complejo que, a veces, es el duelo.
Y ahí decidí algo muy importante:
atravesar esa etapa del duelo, sentir el miedo…
pero no quedarme a vivir en él.
Por eso hoy quiero decirte esto:
si ahora mismo estás en ese momento de miedo, siéntelo.
Abrázalo.
Míralo de frente.
Pero no permitas que se quede contigo más tiempo del necesario,
porque puede hacerte mucho daño.
El miedo es una etapa del duelo.
Pero la vida está hecha de momentos.
Momentos que son eternos, que se quedan para siempre en el alma.
Y si nos quedamos atrapadas en el miedo,
nunca llegaremos a vivir esos momentos,
porque no nos permitiremos estar presentes para ellos.
El miedo se transforma cuando decides vivir.
Cuando eliges confiar.
Cuando eliges seguir adelante, aun con el corazón herido.
Porque el miedo pasa.
Pero los momentos que vivimos con amor, presencia y conciencia…
esos se quedan para siempre.
El miedo es una etapa. Vivir es la decisión que nos devuelve la vida.
Ana Belén

