Montaña rusa como metáfora del duelo perinatal y sus emociones

La montaña rusa del duelo perinatal: emociones, culpa y proceso

Inicio / Duelo perinatal / La montaña rusa del duelo perinatal: emociones, culpa y proceso

La montaña rusa del duelo

El duelo no es lineal: entender la montaña rusa emocional

Hay algo del duelo de lo que se habla poco y que, sin embargo, casi todas vivimos:
la montaña rusa emocional.

Hay momentos en los que parece que estamos bien.
Llevamos días —incluso semanas— sin llorar.
Sin sentir ese nudo en el pecho.
Sin mirar el recuerdo desde el dolor.

Y entonces pensamos:
“Ya estoy bien.”
“Ya lo he superado.”
“Ya puedo seguir con mi vida.”

Volvemos poco a poco a la rutina.
A la normalidad.
A hacer planes.
A sonreír con más ligereza.

Y de repente…
sin previo aviso…
llega el bajón.

Te despiertas triste.
Desolada.
Con una sensación de vacío que no entiendes.
Y todo aquello que creías integrado vuelve a golpear.

Y entonces aparece la pregunta:
¿por qué me pasa esto ahora?

La respuesta, aunque a veces cueste aceptarla, es sencilla:
porque el duelo no es lineal.
Porque el duelo es una montaña rusa.

Un día estás bien.
Al siguiente no tanto.

Puedes pasar un tiempo largo sintiéndote fuerte…
y de repente caer.

O al revés.
Puedes pasar meses en la oscuridad…
y un día empezar a ver la luz.

No se trata de entenderlo.
Ni de controlarlo.
Ni de evitarlo.

Se trata de permitirlo.

En el duelo no hay emociones buenas o malas.
No hay días correctos o incorrectos.
Hay emociones humanas.

Alegría.
Tristeza.
Nostalgia.
Paz.
Rabia.
Amor.

Todas son normales.
Todas son comprensibles.
Todas forman parte del proceso.

Cuando no entendemos esta montaña rusa, aparece la culpa.
Nos juzgamos.
Pensamos que estamos retrocediendo.
Que no sabemos gestionar lo que sentimos.
Que algo estamos haciendo mal.

Y no.

No estás fallando.
No estás retrocediendo.
Estás viviendo tu duelo.

Las personas que hemos perdido a alguien que amábamos —especialmente a un hijo— vamos a recordarlo siempre.
No porque estemos ancladas al pasado,
sino porque el amor no se borra.

Ese recuerdo va a estar.
A veces con paz.
A veces con tristeza.
A veces con una sonrisa.
A veces con lágrimas.

Y todo está bien.

Especialmente durante el primer y segundo año, esta montaña rusa es muy intensa.
Fechas.
Momentos.
Recuerdos.
Situaciones inesperadas.

Todo puede activar una emoción.
Y eso no significa que estés peor.
Significa que estás viva.
Que amas.
Que recuerdas.

Yo creo que, aunque duela, también es bonito sentirlo.
Porque cada emoción que aparece trae un recuerdo.
Y cada recuerdo nos conecta con esa personita maravillosa que se fue físicamente, pero que sigue presente de otra forma.

Quizá la clave esté en cambiar la mirada.

Igual que cuando subimos a una montaña rusa.
En la subida sentimos nervios.
Expectativa.

En la bajada en picado, miedo.
Intensidad.
Sensación de no saber dónde meternos.

Pero sabemos que forma parte del viaje.

El duelo es igual.

No podemos evitar las subidas ni las bajadas.
Pero sí podemos decidir cómo transitarlas.

Con más amor.
Con menos juicio.
Con más compañía.

Porque atravesar esta montaña rusa acompañadas siempre es más llevadero.
Más humano.
Más bonito.

Y si algún día caes,
que no sea en soledad.

Permítete sentir.
Permítete llorar.
Permítete estar bien cuando estés bien.

Todo forma parte del camino.

Y aunque ahora no lo parezca,
cada vuelta de esta montaña rusa también trae aprendizajes.
Conciencia.
Amor.

Porque el duelo no se supera.
Se integra.

Y en ese proceso, sentirlo todo también es una forma de honrar.

 

Las subidas y bajadas también honran el amor del duelo.

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio