- 16/04/2026
- 2:19 pm
Cómo el duelo de Galadriel sanó una parte de mi pasado
El duelo que creía haber superado
Hay algo que me ha pasado con el tiempo y que nunca imaginé que ocurriría.
El duelo de Galadriel me ha hecho mirar el duelo de mi padre de una forma completamente distinta.
Mi padre falleció en 2014.
Y durante muchos años pensé que había aceptado su pérdida. Pensaba que estaba bien. Que lo había llevado como tocaba llevarlo.
Pero con el tiempo me he dado cuenta de que, en realidad, no lo había vivido del todo.
Más bien lo había negado.
Hay muchas formas de atravesar un duelo.
Algunas personas lloran mucho, lo hablan, lo expresan, lo sienten profundamente desde el primer momento.
Y otras personas hacemos algo distinto.
Seguimos adelante.
Continuamos con la vida.
Nos convencemos de que estamos bien.
Pero en el fondo, lo que estamos haciendo es guardar el duelo en algún lugar del corazón para no tener que mirarlo demasiado.
Y creo que algo así me pasó con mi padre.
Cuando él se fue, una de las cosas que más pesaba dentro de mí era una sensación muy concreta: la de haber perdido tiempo.
Tiempo que no volvería.
Tiempo que quizá no supe aprovechar como ahora me habría gustado.
Porque cuando eres joven muchas veces vives rápido.
Con prisa.
Con mil cosas en la cabeza.
Y no siempre somos conscientes de lo valioso que es simplemente estar.
Estar con las personas que amamos.
Pasar tiempo con ellas.
Hablar.
Abrazar.
Compartir momentos que parecen pequeños pero que, con el tiempo, se convierten en los recuerdos más importantes.
Cuando mi padre falleció, esa sensación se quedó dentro de mí como una pequeña espinita.
La espinita de pensar que quizá podría haber estado más.
Que quizá podría haberle dicho más veces que lo quería.
Que quizá podría haber vivido ciertos momentos de otra manera.
Pero la vida siguió.
Y ese duelo quedó ahí, en algún lugar de mi interior.
Hasta que llegó Galadriel.
La pérdida de Galadriel removió muchas cosas dentro de mí.
No solo el dolor de perderla a ella.
También abrió puertas emocionales que yo misma había mantenido cerradas durante años.
Y fue entonces cuando algo cambió.
Hubo un momento muy especial que me hizo verlo todo desde otra perspectiva.
Hace poco vi una imagen en la que aparecíamos mi padre y yo abrazados.
Era una imagen sencilla, pero cuando la vi sentí algo muy profundo.
Fue como si, de repente, mi mente viajara a todos esos momentos en los que lo abrazaba.
Cuando llegábamos a casa.
Cuando nos despedíamos.
Cuando simplemente estábamos juntos.
Sentí una emoción muy bonita, muy limpia.
Y en lugar de tristeza, lo que apareció fue amor.
Fue como si ese abrazo volviera a existir de alguna manera.
Y en ese momento entendí algo.
Que los recuerdos también pueden sanar.
Que el amor que vivimos con las personas que se han ido no desaparece.
Se queda en nosotros.
Gracias al duelo de Galadriel pude mirar el duelo de mi padre con otros ojos.
Con más comprensión.
Con más amor.
Pero sobre todo con más perdón.
Porque entendí algo muy importante.
Entendí que todos hacemos lo mejor que sabemos en cada momento de nuestra vida.
Que la persona que yo era en aquel momento estaba viviendo la vida desde la conciencia que tenía entonces.
Y que no sirve de nada castigarse por lo que uno no supo hacer de otra manera.
El duelo de Galadriel me enseñó a perdonarme.
A perdonarme por el tiempo que no pasé con mi padre.
A perdonarme por las veces que quizá no le dije lo mucho que lo quería.
A perdonarme por no haber vivido aquel duelo con la conciencia que tengo ahora.
Y al mismo tiempo me hizo entender algo muy bonito.
Los duelos también vienen a enseñarnos.
A veces creemos que el duelo solo llega para traernos dolor.
Pero con el tiempo, cuando lo miras desde otro lugar, descubres que también trae mensajes.
Aprendizajes.
Cambios en la forma de ver la vida.
El duelo de mi padre me enseñó cosas que quizá en ese momento no fui capaz de comprender.
Pero hoy, gracias a Galadriel, puedo ver que aquel duelo también estaba guiándome.
Que también estaba moviendo piezas dentro de mi vida.
Que también estaba intentando mostrarme algo.
Porque muchas veces esas personas que se van —nuestros padres, nuestros hijos, nuestros seres queridos— siguen formando parte de nuestro camino de otra manera.
Como si su amor siguiera guiándonos.
Como si su ausencia nos empujara a mirar la vida con más conciencia.
Hoy puedo mirar la pérdida de mi padre con más paz.
Con más amor.
Con más gratitud.
Y sobre todo con más comprensión hacia mí misma.
Porque al final, el duelo no solo nos habla de quienes se han ido.
También nos habla de nosotros.
De nuestras decisiones.
De nuestro camino.
Y muchas veces, aunque en el momento no lo entendamos, esas almas que se marchan terminan ayudándonos a encontrar el nuestro.
Y por eso hoy quiero darte las gracias, Galadriel.
Gracias por hacerme viajar al pasado.
Gracias por ayudarme a mirar la pérdida de mi padre desde otro lugar.
Desde un lugar con más amor.
Con más comprensión.
Con más paz.
Porque gracias a ti he podido entender su duelo de otra manera.
He podido perdonarme.
He podido sanar partes de mí que llevaban años en silencio.
Y cada día que pasa me doy más cuenta de algo muy profundo:
Que llegaste para iluminar muchos lugares de mi vida.
Y que, aunque tu paso por este mundo físico fuera breve, tu luz sigue guiándome.
Hay pérdidas que, con el tiempo, terminan iluminando el pasado.
Ana Belén

