Atardecer sobre el mar que simboliza transformar el dolor en luz durante el duelo perinatal.

Transformar el dolor en luz en el duelo perinatal

Inicio / Duelo / Transformar el dolor en luz en el duelo perinatal

Cuando el duelo de mi hija me enseñó a transformar la oscuridad en luz

La transformación interior después de una pérdida

Hay algo que he aprendido en este camino.

Algo que no habría podido entender antes de perder a Galadriel.

Que la vida no cambia cuando cambian las circunstancias.

La vida cambia cuando cambias tú.

Cuando cambias la manera en que miras lo que te pasa.

Cuando decides, desde dentro, transformar lo que sientes.

Suena sencillo.

Pero no lo es.

Es uno de los trabajos más profundos que puede hacer una persona.

Y a mí me lo enseñó el duelo perinatal.

Me lo enseñó perder a mi hija.

Me lo enseñó tener que elegir, cada día, desde dónde quería seguir viviendo.

Porque cuando la vida te da un golpe tan grande, cuando atraviesas la pérdida de un bebé, te quedas delante de una encrucijada.

Puedes quedarte en el dolor.

Puedes instalarte en el miedo.

Puedes dejar que la rabia o el odio ocupen el espacio que antes ocupaba el amor.

Y nadie te podría juzgar por eso.

Nadie.

Porque lo que has vivido es enorme.

Pero también puedes elegir otra cosa.

Puedes elegir convertir ese dolor en crecimiento.

Ese miedo en valentía.

Ese odio, si llegó, en amor.

Y ahí, justo ahí, es cuando la vida empieza a cambiar de verdad.

No porque el dolor desaparezca.

No porque de repente todo sea bonito y fácil.

Sino porque tú te transformas.

Y cuando tú te transformas, todo lo que te rodea también empieza a verse diferente.

Yo lo viví.

Después de la pérdida de Galadriel hubo momentos oscuros.

Momentos en los que el peso era enorme.

Momentos en los que no veía la salida.

Pero poco a poco, con el tiempo y con mucho trabajo interior, empecé a entender algo.

Que los pensamientos que tenía dentro estaban creando la realidad que vivía fuera.

Que cuando me quedaba en los pensamientos negativos, en el miedo, en el dolor sin salida, todo se volvía más oscuro.

Más pesado.

Más sin sentido.

Pero cuando empezaba a transformar esos pensamientos.

Cuando en vez de preguntarme por qué me empezaba a preguntar para qué.

Cuando en vez de ver solo lo que había perdido empezaba a ver también lo que había ganado.

Cuando en vez de vivir desde el miedo empezaba a dar pequeños pasos desde la valentía.

Algo cambiaba.

La energía cambiaba.

No de golpe.

No de manera perfecta.

Pero cambiaba.

Y eso lo cambiaba todo.

Porque la energía con la que vivimos el duelo perinatal, o cualquier proceso difícil de la vida, no es algo secundario.

Es fundamental.

Cuando tu energía es miedo, atraes más miedo.

Cuando tu energía es dolor sin movimiento, te quedas atrapada en él.

Pero cuando empiezas a mover esa energía hacia otro lugar, aunque sea un poco, aunque sea despacio, la oscuridad empieza a transformarse en luz.

No porque finjas que todo está bien.

Sino porque decides que dentro de todo lo que está mal, también hay algo que merece ser visto desde otro lugar.

Y eso, en el duelo por la pérdida de un hijo, es uno de los actos más valientes que existen.

Porque nadie te lo pide.

Nadie te obliga.

Podrías quedarte en el dolor y el mundo lo entendería.

Pero elegir transformarlo, elegir crecer desde él, elegir que la muerte de tu hijo o de tu hija sea también un camino hacia una versión más consciente, más amorosa, más verdadera de ti misma… eso es algo que solo tú puedes hacer.

Y cuando lo haces, algo muy bonito ocurre.

Te avanzas a ti misma.

Te encuentras.

Te transformas de una manera que no habrías imaginado nunca.

Muchas madres que han atravesado el duelo perinatal me cuentan algo parecido.

Que en algún momento del camino, después de mucho dolor y mucho proceso, algo dentro de ellas se recolocó.

Que empezaron a ver la vida con otros ojos.

Que encontraron una versión de sí mismas más fuerte, más sensible, más conectada con lo que de verdad importa.

No porque el duelo sea un regalo que se agradece.

Sino porque el alma, cuando se le da espacio, sabe cómo transformar hasta lo más oscuro en algo que ilumina.

Galadriel me enseñó eso.

Me enseñó que el dolor no tiene que ser el final de la historia.

Que puede ser el principio de algo nuevo.

Que la oscuridad más grande puede convertirse en la luz más honesta que hayas sentido nunca.

Si estás en un momento muy oscuro de tu duelo, no te pido que lo veas así ahora.

No te pido que transformes nada antes de tiempo.

Te pido solo que sepas que es posible.

Que hay otro lado.

Que la energía puede moverse.

Que la oscuridad no es para siempre.

Y que cuando estés lista, la luz estará ahí esperándote.

Como siempre ha estado.

Gracias, Galadriel, por enseñarme que del dolor más grande puede nacer la luz más bonita.

"Convertir el miedo en valentía y el dolor en crecimiento es elegir vivir de verdad."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio