Madre con su hijo frente al mar reflexionando sobre cómo vivir después de un duelo perinatal

Cómo vivir después de un duelo perinatal

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Por qué esperamos a que llegue la muerte para empezar a vivir de verdad

¿Conoces esa lista?

La que se llama bucket list.

La lista de cosas que quieres hacer antes de morir.

Viajar a un sitio soñado.

Aprender algo nuevo.

Hacer esa actividad que llevas años aplazando.

Decirle a alguien lo que sientes.

Vivir de verdad.

Es una lista preciosa en teoría.

Pero hay algo en ella que, desde que perdí a Galadriel, me genera una pregunta muy profunda.

¿Por qué esperamos a que la muerte se acerque para empezar a vivirla?

Porque eso es lo que pasa la mayoría de las veces.

La lista existe.

Está ahí, en algún cajón de la mente o del corazón.

Pero no se cumple.

Se aplaza.

Se pospone.

Se deja para cuando haya más tiempo, más dinero, más calma, menos obligaciones.

Y entonces llega un diagnóstico.

Una noticia que lo cambia todo.

Una consulta en la que alguien te dice que el tiempo se acorta.

Y de repente la lista aparece.

Y de repente todo se vuelve urgente.

Y de repente queremos hacer en poco tiempo todo lo que llevamos años dejando para después.

Y yo me pregunto algo.

¿Por qué tiene que llegar la muerte para que decidamos vivir?

El duelo perinatal me puso delante de esa pregunta de una manera muy directa.

Cuando perdí a Galadriel, cuando la pérdida de mi bebé me obligó a parar y a mirar la vida de otra manera, me di cuenta de algo que no había visto antes.

De que yo también estaba aplazando.

De que yo también tenía cosas pendientes que quería hacer pero que no hacía.

No porque no pudiera.

Sino porque esperaba.

Esperaba el momento perfecto.

Esperaba tener más.

Esperaba que las circunstancias fueran distintas.

Y el duelo me enseñó que ese momento perfecto muchas veces no llega.

Que la vida no avisa.

Que lo que tenemos es el ahora.

Solo el ahora.

Y desde ese lugar algo cambió en mí de manera profunda.

Empecé a hacerme una pregunta diferente.

No qué quiero hacer antes de morir.

Sino qué quiero hacer porque estoy viva.

Porque me apetece.

Porque me llena.

Porque es parte de quien soy y de cómo quiero vivir.

Sin necesitar que la muerte me lo recuerde.

Esa diferencia parece pequeña pero lo cambia todo.

Porque cuando haces las cosas desde la vida y no desde el miedo a la muerte, la energía es completamente distinta.

No hay urgencia desesperada.

Hay presencia.

No hay carrera contra el tiempo.

Hay disfrute del tiempo que tienes.

No hay lista que cumplir porque te queda poco.

Hay una forma de vivir que elige lo que importa cada día.

Y eso, para mí, es la diferencia entre existir y vivir de verdad.

Muchas veces nos pasamos la vida haciendo lo que tenemos que hacer.

Cumpliendo con lo que se espera.

Llegando a todo.

Gestionando.

Y nos olvidamos de preguntarnos qué es lo que queremos hacer.

No mañana.

No cuando los niños sean mayores.

No cuando tengamos más tiempo.

Ahora.

Hoy.

Con la vida que tienes en este momento.

El duelo perinatal, la pérdida de un hijo, te enfrenta a la fragilidad de la vida de una manera que muy pocas experiencias pueden hacerlo.

Te recuerda que nada está garantizado.

Que el tiempo es lo único que no podemos recuperar.

Que las personas que amamos pueden no estar mañana.

Que tú misma puedes no estar mañana.

Y eso, aunque suene duro, es también un regalo enorme.

Porque cuando lo integras de verdad, cuando dejas de vivir como si tuvieras todo el tiempo del mundo, la vida se vuelve mucho más rica.

Mucho más presente.

Mucho más tuya.

No te pido que hagas todo a la vez.

No te pido que cambies tu vida de golpe.

Te pido algo mucho más sencillo.

Que esta semana, hoy si puede ser, te preguntes qué es eso que llevas tiempo queriendo hacer y que sigues aplazando.

Y que te preguntes también por qué lo aplazas.

Porque la respuesta muchas veces nos sorprende.

Muchas veces no hay una razón de verdad.

Solo el hábito de esperar.

Y ese hábito se puede cambiar.

Galadriel me enseñó que la vida no espera.

Que el amor no se aplaza.

Que las cosas bonitas se hacen porque uno está vivo y quiere vivirlas.

No porque la muerte esté llamando a la puerta.

Así que haz tu lista.

Pero llámala de otra manera.

No las cosas que quiero hacer antes de morir.

Las cosas que quiero hacer porque estoy viva.

Porque eso sí que merece ser vivido con todo.

Gracias, Galadriel, por enseñarme que vivir no puede esperar.

"Las cosas bonitas no se hacen porque la muerte se acerca. Se hacen porque estás viva."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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