- 17/08/2026
- 08:07
No hay latido. El inicio del duelo perinatal que nadie espera
Hay frases que no se olvidan.
Frases que se quedan grabadas para siempre en algún lugar dentro de ti.
Que recuerdas exactamente dónde estabas cuando las escuchaste.
Qué sentiste en ese momento.
Cómo cambió todo en un segundo.
Para mí, esa frase es esta.
No hay latido.
Tres palabras.
Solo tres palabras.
Y sin embargo, son capaces de cambiar una vida entera.
Nadie te prepara para escucharlas.
Nadie te avisa de que ese momento puede llegar.
Vas a una revisión como tantas otras veces.
Con esa mezcla de ilusión y rutina que tienen las revisiones del embarazo.
Con la cabeza quizás en otra cosa.
Con planes para después.
Con una vida que sigue girando a tu alrededor.
Y entonces algo cambia.
Un silencio que dura demasiado.
Una mirada diferente.
Un gesto que no cuadra.
Y esas tres palabras.
No hay latido.
Y el mundo se para.
Yo recuerdo ese momento.
Recuerdo cómo el tiempo se detuvo de una manera que nunca antes había sentido.
Recuerdo que mi mente intentó procesar algo que no podía procesar.
Recuerdo que una parte de mí pensó que era un error.
Que no podía ser.
Que eso le pasaba a otras personas.
No a mí.
No a nosotros.
No a Galadriel.
Porque cuando estás embarazada, cuando llevas a tu bebé dentro, cuando sientes esa conexión tan profunda y tan íntima, la idea de que algo pueda ir mal es algo que existe en algún rincón del miedo pero que no se deja entrar de verdad.
Porque no cabe.
Porque el amor que sientes es tan grande que parece imposible que la vida pueda ir en otra dirección.
Y sin embargo va.
Y sin embargo llega.
Y sin embargo esas tres palabras se dicen.
Y todo cambia.
El duelo perinatal empieza muchas veces ahí.
En ese momento exacto.
En esa sala.
En ese silencio.
En esas tres palabras que nadie debería tener que escuchar nunca pero que demasiadas madres conocen.
Demasiadas.
Y lo que viene después de ese momento es algo que tampoco nadie te explica.
Porque no hay manual.
No hay guion.
No hay manera correcta de vivir lo que viene a continuación.
Hay un antes y un después.
Hay una vida que era de una manera y que de repente es de otra.
Hay un amor enorme que no sabe adónde ir porque la persona a quien iba dirigido ya no está de la misma forma.
Y hay una soledad muy particular.
La soledad de vivir algo que muy pocas personas pueden entender de verdad.
Que muchas personas de tu entorno no saben cómo acompañar.
Que la sociedad prefiere no mirar porque le da miedo.
Pero que es absolutamente real.
Y absolutamente devastador.
Quiero decir algo a todas las madres que han escuchado esas palabras.
A todas las que conocen ese momento.
A todas las que saben lo que es que el mundo se pare en una sala y que tres palabras lo cambien todo.
Lo que vivisteis es real.
Lo que sentisteis es válido.
El amor que teníais por vuestros bebés era enorme y verdadero.
Y el duelo que vino después, sea como sea que lo estéis viviendo, merece todo el espacio y todo el tiempo que necesite.
No hay prisa.
No hay manera correcta.
No hay plazo.
Hay amor.
Y hay un camino que, aunque al principio parece imposible de andar, se puede andar.
Despacio.
Con ayuda.
Desde el amor.
Yo lo sé porque lo he vivido.
Porque conozco esas tres palabras.
Porque también escuché ese silencio.
Y porque hoy, desde ese lugar tan profundo que me dejó el duelo perinatal, puedo decir que hay vida al otro lado.
Una vida diferente.
Una vida que lleva a Galadriel dentro para siempre.
Pero vida.
Y amor.
Mucho amor.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que incluso después del momento más oscuro, el amor siempre encuentra la manera de seguir.
"Tres palabras que lo cambian todo. Y un amor que no cambia nunca."
Ana Belén

