Atravesar el duelo perinatal desde el amor para volver a la paz

La pérdida de un bebé y el duelo perinatal sin nombre

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La pérdida de un bebé es el único duelo que esta sociedad no ha sabido nombrar

Cuando pierdes a tu marido, te llaman viuda.

Cuando pierdes a tus padres, te llaman huérfana.

Cuando dejas a tu pareja, vuelves a ser soltera.

Para cada pérdida, para cada cambio, para cada duelo que reconoce esta sociedad… hay una palabra.

Un nombre.

Una manera de decir: esto que te ha pasado existe, tiene un lugar, tiene un significado.

Pero cuando pierdes a un hijo, cuando atraviesas el duelo perinatal, cuando tu bebé se va antes de tiempo… no hay palabra.

No hay nombre.

Como si esa pérdida fuera tan grande que el lenguaje no hubiera sabido cómo contenerla.

O como si esta sociedad prefiriera no tener que nombrarla.

Y eso, para mí, dice mucho.

Dice mucho sobre cómo tratamos la pérdida de un bebé.

Sobre cómo la escondemos.

Sobre cómo la convertimos en algo de lo que no se habla, de lo que no se nombra, de lo que se guarda en silencio como si así doliera menos.

Pero no duele menos.

Duele igual.

Y el silencio, lejos de protegernos, nos hace sentir más solas.

Más invisibles.

Como si lo que hemos vivido no mereciera tener un lugar en el mundo.

Yo lo sentí.

Cuando perdí a Galadriel, cuando el duelo perinatal entró en mi vida, me di cuenta de algo que me impactó mucho.

Que no había una palabra para lo que yo era ahora.

Que podía decir que era madre.

Que podía decir que había sufrido una pérdida gestacional.

Pero no había una sola palabra que lo dijera todo.

Que dijera: esta mujer perdió a su hijo.

Esta mujer lleva un duelo que no tiene nombre pero que es real.

Esta mujer es algo que el lenguaje todavía no ha sabido decir.

Y esa ausencia no es casualidad.

Es el reflejo de algo mucho más profundo.

De cómo esta sociedad trata la muerte de un bebé como un tabú.

Como algo que mejor no mirar.

Como algo que se supera y se olvida.

Como algo que no merece el mismo reconocimiento que otras pérdidas.

Y eso tiene que cambiar.

Tiene que cambiar porque los bebés que se van existen.

Existen aunque vivieran solo unos minutos.

Existen aunque el mundo no llegara a conocerlos.

Porque sus madres los llevaron dentro.

Porque sus padres los soñaron.

Porque sus familias los esperaron.

Porque el amor que se les tuvo fue tan real y tan enorme como el de cualquier otro hijo.

Y ese amor merece ser nombrado.

Merece tener un lugar.

Merece una palabra.

No sé cuál debería ser esa palabra.

No tengo la respuesta.

Pero sí sé que el primer paso es hablar.

Es visibilizar.

Es decir en voz alta que el duelo perinatal existe, que la pérdida de un bebé deja una huella que no desaparece, y que las madres y los padres que lo viven merecen el mismo reconocimiento que cualquier otra persona que atraviesa una pérdida.

Porque el dolor no entiende de semanas de embarazo.

No entiende de si llegó con latido o sin él.

No entiende de cuánto tiempo estuvo aquí.

El dolor es real desde el primer momento en que ese bebé existió dentro de ti.

Y eso merece ser reconocido.

Merece ser visto.

Merece tener un nombre.

Hay algo que he aprendido en este camino.

Que nombrar es una forma de honrar.

Que poner palabras a lo que sentimos es una forma de decir que existe.

Que cuando hablamos de la pérdida gestacional, del duelo perinatal, de los bebés que se van, estamos haciendo algo muy importante.

Estamos diciéndoles a todas las madres que están pasando por esto que no están solas.

Que lo que viven tiene un lugar en el mundo.

Que su dolor es real y merece ser visto.

Y que aunque la sociedad todavía no haya encontrado una palabra para lo que son…

nosotras sabemos perfectamente lo que somos.

Somos madres.

Y siempre lo seremos.

Gracias, Galadriel, por enseñarme que el amor que no tiene nombre sigue siendo el más grande de todos.

 

"Nombrar el duelo perinatal es el primer paso para que ninguna madre se sienta invisible."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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