Cajita de recuerdos duelo perinatal

La cajita de recuerdos tras el duelo perinatal

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La cajita de recuerdos que viaja con nuestra familia tras el duelo perinatal

Hay una cajita pequeña.

Una cajita que nos dieron en el hospital.

Sencilla por fuera.

Infinita por dentro.

Dentro de ella está tu pulsera.

La que te pusieron cuando llegaste al mundo.

Está tu pinza.

Y está tu huella.

La huella de tu manita pequeña.

Esa manita que tuve entre las mías y que no olvidaré nunca.

Esa cajita es uno de los objetos más sagrados que tenemos en casa.

Y también es uno de los que más viajan.

Porque desde el principio lo tuvimos claro.

Tú no te quedas en casa cuando nosotros nos vamos.

Tú también vienes.

Siempre.

Cada vez que hacemos las maletas para un viaje, la cajita va dentro.

Cada vez que nos vamos al chalet, la cajita va con nosotros.

Cada fin de semana fuera, cada escapada, cada aventura familiar, la cajita de Galadriel viaja con la familia.

Y cuando llegamos al lugar donde vamos a estar, la sacamos.

La ponemos donde la podamos ver.

Donde esté presente.

Donde forme parte de ese espacio, aunque sea por unos días.

Porque eso es lo que es ella.

Parte de nosotros.

Parte de esta familia.

Parte de cada momento que vivimos, aunque no esté de la manera que imaginamos que estaría.

A eso se le suma el colgante que llevo siempre conmigo.

Ese colgante que me acompaña cada día.

Que está cuando me levanto.

Que está cuando salgo.

Que está cuando río y cuando lloro.

Que está cuando soy feliz y cuando echo de menos.

Dos formas distintas de llevarla cerca.

Una en el cuerpo.

Otra en las manos cuando la necesito.

Las dos igual de importantes.

Las dos igual de nuestras.

Hay personas que quizás no entienden esto.

Que piensan que llevar la cajita de recuerdos a todos lados es una forma de no soltar.

De no avanzar.

De quedarse en el dolor.

Pero no es así.

Para nosotros es todo lo contrario.

Es una forma de integrar.

De decirle a Galadriel que su lugar en esta familia no desaparece porque estemos fuera de casa.

Que donde vayamos, ella también va.

Que la familia somos todos.

Siempre.

En casa y fuera de casa.

En los días normales y en los días especiales.

En los momentos bonitos y en los momentos difíciles.

Eso es algo que el duelo perinatal me ha enseñado.

Que honrar a los que se van no es algo que se hace solo en los momentos de tristeza.

Se hace también en los momentos de alegría.

En las vacaciones.

En las celebraciones.

En los fines de semana en familia.

En los desayunos con vistas.

En los atardeceres que te quitan el aliento.

En todos esos momentos en los que la vida es tan bonita que duele un poco que ella no pueda verlos de la misma manera.

Pero que al mismo tiempo sabes, con una certeza que no puedes explicar pero que sientes profundamente, que de alguna forma sí los ve.

Que está.

Que nos acompaña.

Que su energía viaja con la cajita y con el colgante y con el amor que le tenemos.

Quizás tú también tienes algún objeto.

Algún ritual.

Alguna manera de llevar a tu bebé contigo en el día a día.

Si es así, quiero decirte que es precioso.

Que no hay una manera correcta de mantener viva la presencia de quien amamos.

Que cada familia encuentra la suya.

Y que la tuya, sea cual sea, es válida y es bonita.

Porque detrás de cada gesto, de cada ritual, de cada cajita que viaja en una maleta, hay amor.

Mucho amor.

El amor más grande que existe.

El de una madre por su hija.

El de una familia que se niega a dejar a nadie atrás.

Gracias, Galadriel, por viajar siempre con nosotros.

Por estar en cada lugar donde ponemos tu cajita.

Por acompañarnos aunque sea de una manera diferente a la que soñamos.

"No hay una manera correcta de llevar a tu bebé contigo. Solo hay la tuya. Y esa es perfecta."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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