- 02/09/2026
- 15:53
Embarazada después del duelo perinatal: cómo convivir con el miedo y recuperar la ilusión
Estoy embarazada.
Y debería ser solo alegría.
Y hay alegría, sí.
Mucha.
Pero hay también algo más.
Algo que no existía en mis embarazos anteriores.
Un miedo que se sienta a mi lado y que no se va.
Que está cuando me levanto por la mañana.
Que está cuando siento algo diferente en el cuerpo y mi mente va directa al peor lugar posible.
Que está cuando pasan los días y la siguiente ecografía parece que nunca llega.
Este es mi quinto embarazo.
Y es el más difícil de vivir de todos.
No porque algo vaya mal.
Sino porque sé que puede ir mal.
Porque ya lo viví.
Porque ya sé lo que son esas tres palabras.
Porque ya sé lo que es que un embarazo que parecía ir perfectamente se pare de golpe.
Y ese saber cambia todo.
Cambia la manera de vivir cada día de este embarazo.
Cambia la manera de relacionarme con esta nueva vida que crece dentro de mí.
Cambia la manera de ilusionarme, de soñar, de planificar.
Porque la ilusión está.
Por supuesto que está.
Pero viene acompañada de un miedo que antes no existía.
Y eso es algo de lo que no se habla suficiente.
Del embarazo después del duelo perinatal.
De lo que es quedarse embarazada después de perder a un bebé y tener que aprender a vivir esos nueve meses desde un lugar completamente diferente al que conocías antes.
Antes de perder a Galadriel, los embarazos los vivía de otra manera.
Con más ligereza.
Con más confianza en que todo iba a ir bien.
Con esa inocencia que solo existe cuando no has vivido la pérdida desde dentro.
Ahora esa inocencia no está.
Y la echo de menos.
Echo de menos poder disfrutar de cada semana sin que la ansiedad aparezca.
Echo de menos ir a las revisiones sin ese nudo en el estómago que no se deshace hasta que escuchas el latido.
Echo de menos poder hacer planes sin que una voz pequeña en algún rincón de mí diga que mejor esperar.
Que mejor no ilusionarse demasiado.
Que mejor ir despacio.
Porque la vida ya me enseñó que los planes pueden cambiar de un segundo para otro.
Y eso duele.
No el embarazo.
El miedo.
La guardia permanente.
El no poder soltar del todo.
El esperar con ansia cada ecografía como si fuera la prueba de que todo sigue bien.
El alivio enorme que dura unos días y luego vuelve la espera.
Y vuelta a empezar.
Sé que no estoy sola en esto.
Sé que hay muchas madres que han pasado por una pérdida gestacional y que han vuelto a quedarse embarazadas y que conocen exactamente esta sensación.
Esta mezcla de amor enorme y miedo enorme que conviven dentro al mismo tiempo.
Esta dificultad para disfrutar algo que debería ser solo bonito.
Esta culpa, a veces, por no poder simplemente estar feliz sin más.
Y quiero decirles algo.
Es normal.
Todo lo que sienten es completamente normal.
No están exagerando.
No están siendo negativas.
Están siendo humanas.
Están siendo madres que han aprendido de la manera más dura que el amor más grande también conlleva el miedo más grande.
Y ese miedo no desaparece de golpe.
Quizás no desaparece del todo nunca.
Pero se puede aprender a caminar con él.
A no dejar que ocupe todo el espacio.
A buscar momentos, aunque sean pequeños, donde la alegría pueda entrar.
Donde el amor por este bebé que está creciendo pueda sentirse sin que el miedo lo tape del todo.
Yo lo estoy aprendiendo.
Despacio.
Con días mejores y días en los que el miedo pesa más.
Pero lo estoy aprendiendo.
Y cada latido que escucho en cada ecografía es un recordatorio de que este bebé está aquí.
Que está bien.
Que de momento todo va bien.
Y eso, aunque dure poco antes de que vuelva la espera, es suficiente.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que el amor más grande siempre vale la pena aunque venga acompañado de miedo.
"Cada latido es un regalo. Aunque el miedo vuelva, ese regalo siempre vale la pena."
Ana Belén

