- 30/03/2026
- 3:24 pm
Hablar de ti me hace sonreír en medio del duelo
Nombrar a un bebé: una forma de sanar el duelo
Hay momentos en la vida en los que, casi sin darte cuenta, alguien te pregunta cómo estás.
Puede ser en cualquier sitio.
En una reunión.
En una comida.
En la puerta del colegio.
En una conversación inesperada.
Y de repente surge tu nombre.
Y me he dado cuenta de algo muy bonito.
Hablar de ti me hace sonreír.
No lo fuerzo.
No lo preparo.
No lo pienso.
Simplemente sucede.
Cuando alguien me pregunta por lo que pasó, por cómo estoy, por cómo llevo el duelo… hablar de ti no me rompe. No me paraliza. No me apaga.
Me ilumina.
Porque hablar de ti es hablar de amor.
Es hablar de todo lo que me transformaste.
Es hablar de todo lo que despertaste en mí.
Gracias a ti estoy haciendo lo que hago hoy.
Gracias a ti tomé algunas de las decisiones más importantes de mi vida. Decisiones que quizás no me habría atrevido a tomar si no hubieras llegado.
Tu paso por mi vida me abrió un camino.
Un camino que no esperaba.
Más consciente.
Más humano.
Más espiritual.
Un camino en el que acompaño a otras personas en su duelo.
En el que me doy.
En el que comparto.
En el que sostengo.
Y hacerlo me llena profundamente.
Porque siento que todo lo que hago ahora tiene un sentido mayor.
Cuando hablo de ti, no solo cuento una pérdida.
Cuento una transformación.
Cuento cómo una vida que no se quedó físicamente cambió la mía para siempre.
Hay personas que piensan que nombrar a nuestros bebés puede doler.
Que hablar de ellos puede remover.
Y quizás al principio sí.
Pero cuando el amor empieza a ocupar más espacio que el dolor, pronunciar su nombre se convierte en algo sagrado.
Hace poco, en una conversación, alguien se fijó en el colgante que llevo conmigo de ti. Me preguntó por él. Le conté lo que significa.
Y vi en sus ojos respeto.
Cariño.
Comprensión.
No sentí incomodidad.
Sentí orgullo.
Porque ese colgante no representa una ausencia.
Representa un vínculo eterno.
Hablar de ti me recuerda que existes.
Que formas parte de mí.
Que sigues presente en cada decisión que tomo.
Hablar de ti me recuerda que no llegaste para quedarte en mis brazos…
pero sí para quedarte en mi propósito.
Y he entendido algo muy importante.
No hay nada más bonito que hablar de quien amamos sin miedo.
Porque cuando el recuerdo trae sonrisa en lugar de lágrimas, no es que hayamos olvidado.
Es que hemos integrado.
Así que siempre hablaré de ti.
Sin bajar la voz.
Sin sentir que incomodo.
Sin pensar que hago daño.
Porque si hablar de ti me hace sonreír…
entonces hablar de ti es una forma de sanar.
Y quizás a otras madres les pase lo mismo.
Quizás cuando pronuncian el nombre de su bebé sienten esa sonrisa interna, esa paz suave que aparece cuando el amor ya no duele tanto.
Hablar de ellos no nos ancla al pasado.
Nos conecta con el amor que sigue vivo.
Y cuando el amor sigue vivo, la historia no termina.
Se transforma.
La pérdida no apagó tu luz, me enseñó a llevarla conmigo.
Ana Belén

