Rosa blanca como símbolo de esperanza, amor y duelo perinatal tras la pérdida de un bebé.

Nos prepararon para vivir, pero no para despedirnos. El duelo también forma parte de la vida

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Nos prepararon para vivir pero no para despedirnos

Nadie nos enseña a afrontar la muerte y el duelo

Nos enseñaron a sumar.

A restar.

A leer y a escribir.

Nos prepararon para estudiar, para trabajar, para encajar en esta gran sociedad que lo tiene todo tan bien organizado.

Nos dijeron cómo comportarnos.

Cómo destacar.

Cómo conseguir lo que queremos.

Pero nadie nos enseñó a despedirnos.

Nadie nos preparó para la muerte.

Para el duelo.

Para ese momento en el que la vida se para de golpe y nosotros nos quedamos sin saber cómo reaccionar.

Y eso, para mí, es una de las grandes ausencias de nuestra educación.

Porque la muerte no es algo excepcional.

No es algo que le pasa solo a los demás.

Es parte de la vida.

Siempre lo ha sido.

Y sin embargo, seguimos viviendo como si no existiera.

Como si nombrarla fuera hacerla más real.

Como si mirarla de frente fuera demasiado.

Y entonces llega.

Y nos pilla sin herramientas.

Sin recursos.

Sin haber pensado nunca en ello.

Y el golpe es tan grande que hay personas que no saben levantarse.

Que se quedan paralizadas.

Que no encuentran el camino de vuelta.

No porque sean débiles.

Sino porque nadie les enseñó que esto también formaba parte del camino.

Yo lo viví.

Cuando perdí a Galadriel, cuando el duelo perinatal entró en mi vida sin avisar, me di cuenta de algo muy importante.

De que yo sí tenía algo que muchas personas no tienen.

Había empezado, casi sin saberlo, a mirar la vida y la muerte desde otro lugar.

Desde un lugar más espiritual.

Más consciente.

Más conectado con algo más grande que lo que nos enseñan en los libros.

Y eso no evitó el dolor.

El dolor estuvo ahí.

Enorme.

Real.

Profundo.

Pero sí evitó que me quedara sin suelo bajo los pies.

Porque cuando empiezas a entender que la muerte no es un final sino una transformación, cuando empiezas a ver que el amor no desaparece sino que cambia de forma, cuando empiezas a integrar que las despedidas también forman parte de la vida… algo dentro de ti se recoloca.

Y puedes seguir.

No sin dolor.

Pero sí con más conciencia.

Con más calma.

Con más capacidad de sostenerte a ti misma.

Y por eso hoy me pregunto algo.

Si nos preparan para todo lo demás… ¿por qué no nos preparamos nosotras para esto?

¿Por qué esperamos a que llegue el golpe para empezar a mirar?

¿Por qué seguimos en esa ignorancia colectiva que nos hace más vulnerables cuando más lo necesitamos?

No lo digo como una crítica.

Lo digo desde el amor.

Desde la experiencia de alguien que ha atravesado el duelo por la pérdida de un bebé y ha entendido que hay otra manera de caminar esto.

Prepararnos no significa vivir pensando en la muerte.

No significa volvernos tristes ni oscuras.

Significa todo lo contrario.

Significa aprender a mirar la vida con más conciencia.

A valorar lo que tenemos.

A no dar por hecho a las personas que amamos.

A entender que cada despedida, aunque duela, también tiene algo que enseñarnos.

Significa que cuando llegue un duelo, ya sea el duelo perinatal, la pérdida de un ser querido, o cualquier pérdida que la vida nos ponga delante, no nos quedemos sin poder reaccionar.

Que tengamos dentro algo que nos sostenga.

Algo que nos recuerde que el amor es más grande que la ausencia.

Que la vida sigue teniendo sentido incluso cuando duele.

Que podemos levantarnos.

Galadriel me enseñó eso.

No con palabras.

Con su llegada y con su partida.

Me enseñó que cuando miras la vida desde un lugar más elevado, desde el alma, desde la conciencia de que todo tiene un propósito… los golpes siguen llegando, pero ya no te derrumban de la misma manera.

Y eso es algo que está en nuestras manos.

No podemos controlar lo que la vida nos trae.

Pero sí podemos decidir desde dónde lo recibimos.

Podemos elegir seguir en la ignorancia que nos han enseñado.

O podemos empezar a abrirnos.

A leer.

A escuchar.

A mirar la muerte con menos miedo y más amor.

A prepararnos no para morir, sino para vivir de verdad.

Porque la vida no es solo lo bonito.

También es la pérdida.

También es el duelo.

También son las despedidas.

Y cuando aprendes a integrar todo eso…

la vida se vuelve más plena.

Más real.

Más tuya.

 

"Cuando integras la despedida como parte de la vida, el amor se vuelve más grande que el miedo."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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