- 27/04/2026
- 8:55 am
La ofrenda en el duelo: cuando las flores también hablan de amor
El amor en el duelo siempre encuentra una forma
Hay momentos en la vida que, cuando los vives después de un duelo, se transforman por completo.
Momentos que antes ya eran especiales…
pero que después adquieren un significado mucho más profundo.
Para mí, uno de esos momentos ha sido la ofrenda.
Como muchos ya sabéis, soy valenciana y fallera.
Y cada año, cuando llegan las Fallas, hay un acto que nos toca el alma de una forma muy especial: la ofrenda a la Virgen.
Es un momento en el que miles de personas caminamos con nuestras flores, con nuestra emoción, con nuestro sentimiento, para entregarlas desde el corazón.
No es solo un acto.
Es una entrega.
Es un instante en el que todo se detiene.
En el que conectas contigo.
Con lo que sientes.
Con lo que llevas dentro.
Pero este año ha sido distinto.
Este año iba a ser especial porque íbamos a pasar cinco.
Pero finalmente pasamos cuatro.
Cuatro físicamente.
Porque en realidad… éramos cinco.
Tú estabas ahí.
No de la forma en la que había imaginado.
No de la forma en la que me habría gustado.
Pero estabas.
Y eso lo sentí en cada paso.
En cada mirada.
En cada emoción que aparecía mientras caminábamos hacia la Virgen.
Este año, las flores no eran solo flores.
Este año, cada flor llevaba un significado distinto.
Iban hacia ti.
Iban cargadas de amor.
De recuerdo.
De presencia.
Recuerdo el momento de acercarme, de llegar frente a ella.
Ese instante en el que todo se vuelve más intenso.
Y pensé en todo lo que habría sido.
En cómo me habría gustado verte.
Con tu vestido de fallera.
Pasando por allí.
Viviendo ese momento con nosotros.
Y sentí esa mezcla de emociones.
La nostalgia de lo que no pudo ser.
Y al mismo tiempo, la certeza de que, de alguna manera, sí estaba siendo.
Porque aunque no pudiera besarte a ti al pasar, como habría hecho en ese momento tan especial…
Besé las flores.
Y al hacerlo, sentí que ese gesto también llegaba a ti.
Que esa entrega era para ti.
Que ese acto tan nuestro, tan de aquí, también podía convertirse en un puente.
Un puente entre lo físico y lo espiritual.
Porque hay algo que he aprendido en este camino del duelo.
Y es que el amor siempre encuentra la forma de expresarse.
Aunque cambie la forma.
Aunque cambie el escenario.
El amor siempre llega.
Y sé que estabas ahí.
Lo sentí.
En pequeñas señales.
En momentos que no se pueden explicar con palabras.
En esa sensación interna que te dice que no estás sola.
También sentí algo muy bonito.
Sentí que ese acto no solo era una despedida.
Era un cuidado.
Era una forma de decir:
“Te llevo conmigo.”
“Te entrego esto.”
“Confío en que estás bien.”
“Confío en que te cuidan.”
Porque en ese momento también conecté mucho con la Virgen.
Con esa sensación de protección.
De saber que hay algo más grande que nos sostiene.
Que nos acompaña.
Que nos cuida incluso cuando no entendemos muchas cosas.
Y desde ahí, la emoción cambió.
Siguió siendo intensa.
Pero también fue reconfortante.
Por eso hoy quiero compartir algo contigo, con quien esté leyendo esto.
Si en tu vida hay algún momento especial…
algún ritual…
algún lugar…
alguna tradición que sientas como tuya…
Y hay alguien que ya no está físicamente contigo…
Hazlo.
Inclúyelo.
Nómbralo.
Dedícale ese momento.
Porque aunque al principio pueda remover emociones, aunque puedan aparecer lágrimas, aunque haya partes que duelan…
también hay algo muy bonito al otro lado.
Hay paz.
Hay conexión.
Hay amor que se sigue sintiendo de otra manera.
Y con el paso de los días, cuando lo recuerdas…
no solo recuerdas el dolor.
Recuerdas la entrega.
Recuerdas el amor.
Y aparece una sonrisa.
Porque entiendes que, aunque la forma haya cambiado…
el vínculo sigue intacto.
Y que hay muchas maneras de seguir compartiendo momentos con quienes amamos.
Solo hay que permitirnos sentirlos.
No necesitamos presencia física para seguir compartiendo amor.
Ana Belén

