- 01/06/2026
- 6:56 am
Cuando el duelo te ahoga y aprendes a volver a respirar
Cuando el duelo se siente como un mar de olas
Hay veces que no sabemos cómo explicar un duelo.
Y especialmente, cuando hablamos de un duelo perinatal, del duelo de un bebé… todavía es más difícil.
Porque todos los duelos son distintos.
Cada persona lo vive de una forma.
Cada historia tiene su propio camino.
Pero hay algo que sí es común.
El duelo de un hijo… es profundamente intenso.
Y cuando intentas explicarlo, muchas veces no encuentras las palabras.
No sabes cómo hacer que la persona que tienes delante entienda lo que sientes.
Lo que has sentido.
Lo que has vivido.
Hasta dónde puede llegar tu mente y tu cuerpo en momentos de tanto dolor.
Porque no es solo tristeza.
Es algo que te atraviesa por completo.
Y hay veces que, para poder explicarlo, necesitas compararlo con algo que se pueda sentir.
En mi caso, hay una imagen que me viene muchas veces.
El mar.
Yo vivo cerca del mar, y aunque nunca he sentido que me ahogaba de verdad…
sí que he vivido esa sensación de estar dentro del agua cuando el mar está movido.
Cuando hay olas.
Cuando el agua no está en calma.
Seguro que alguna vez te ha pasado.
Estás tranquila…
y de repente viene una ola.
Te tira.
Te descoloca.
Intentas levantarte…
y viene otra.
Y otra.
Y otra.
Y llega un momento en el que estás debajo del agua.
Dando vueltas.
Sin saber muy bien dónde está arriba y dónde está abajo.
Sintiendo que te falta el aire.
Sintiendo que no puedes más.
Sintiendo que necesitas salir… pero no sabes cómo.
Y justo cuando crees que estás saliendo…
viene otra ola.
Y te vuelve a arrastrar.
Y te vuelve a sumergir.
Y te vuelve a hacer perder el control.
Y así es como muchas veces se siente el duelo.
Como un mar picado.
Como un montón de olas que no dejan de llegar.
Olas de tristeza.
Olas de rabia.
Olas de dolor.
Olas de recuerdos.
Olas que vienen una detrás de otra… sin darte tiempo a recuperarte.
Sin darte tiempo a respirar.
Sin darte tiempo a entender nada.
Y hay momentos en los que sientes que no puedes más.
Que te vas a ahogar.
Que te vas a quedar sin aire.
Que no vas a poder salir de ahí.
Pero pasa algo.
En medio de todo ese caos…
en medio de ese movimiento constante…
en medio de ese dolor que parece no tener fin…
hay un momento en el que consigues salir.
Sacar la cabeza.
Respirar.
Volver a coger aire.
Y ese momento… es muy importante.
Porque te das cuenta de algo.
De que, aunque haya sido duro…
has podido salir.
Has podido respirar.
Has podido sostenerlo.
Y poco a poco, vas aprendiendo.
Aprendes a sostener esas olas.
Aprendes que, aunque te tumben… puedes volver a levantarte.
Aprendes que, aunque te falte el aire en algunos momentos… siempre vuelve.
No es inmediato.
No es fácil.
No es rápido.
Es un proceso largo.
Un proceso duro.
Un proceso que duele.
Pero también es un proceso en el que, poco a poco, vuelves a respirar.
Y en ese camino, hay algo que ayuda mucho.
Mirar alrededor.
Darte cuenta de que hay vida.
De que hay personas que te aman.
Que te sostienen.
Que te acompañan.
Que están ahí, incluso cuando tú sientes que no puedes.
Y eso, aunque no haga desaparecer las olas…
te da fuerza para seguir.
Te da aire.
Te da ese impulso necesario para volver a salir una y otra vez.
Porque el duelo no es que deje de tener olas.
Es que aprendes a vivir con ellas.
Aprendes a sostenerlas.
Aprendes a confiar en que, aunque en algunos momentos sientas que te hundes…
siempre vas a volver a salir.
Siempre vas a volver a respirar.
No se trata de que las olas desaparezcan, se trata de aprender a sostenerlas.
Ana Belén

