- 25/06/2026
- 10:41 am
Nadie te dijo que el sufrimiento podías elegirlo
La diferencia entre el dolor y el sufrimiento en el duelo perinatal
Hay una diferencia que tardé en entender.
Una diferencia que nadie me explicó cuando perdí a Galadriel.
Y es que el dolor y el sufrimiento no son lo mismo.
El dolor llegó sin avisar.
Sin pedir permiso.
Sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Cuando mi hija se fue, el dolor estaba ahí.
Era real.
Era físico.
Era algo que se sentía en el cuerpo, en el pecho, en cada rincón de mí.
Y ese dolor no lo elegí.
Nadie elige perder a un hijo.
Nadie elige el duelo perinatal.
Nadie elige ese momento en el que la vida cambia para siempre y ya nada vuelve a ser igual.
El dolor es algo que sucede.
Es la respuesta natural del amor cuando pierde su forma.
Y cuando más grande es el amor, más profundo es el dolor.
Por eso duele tanto.
Porque el amor que sentimos por nuestros hijos es el amor más grande que existe.
Pero el sufrimiento es otra cosa.
El sufrimiento es lo que construimos alrededor del dolor.
Es la historia que nos contamos sobre lo que ha pasado.
Es el lugar donde nos quedamos cuando decidimos, muchas veces sin darnos cuenta, que no hay otra forma de vivir esto.
Y aquí es donde quiero detenerme.
Porque esto no es un juicio.
No es una crítica.
No es decirte que estás haciendo algo mal.
Es todo lo contrario.
Es decirte que tienes más poder del que crees.
Cuando estamos en medio del duelo por la pérdida de un bebé, el sufrimiento puede sentirse como la única opción.
Como si soltar el sufrimiento fuera traicionar a nuestro hijo.
Como si dejar de sufrir significara que lo queremos menos.
Como si el dolor tuviera que durar para demostrar que el amor fue real.
Y yo lo entiendo.
Lo entiendo porque yo también estuve ahí.
Pero con el tiempo, y desde un lugar más espiritual, más consciente, empecé a ver algo diferente.
Empecé a entender que Galadriel no quería verme sufrir.
Que ningún hijo, desde donde sea que esté, quiere que su madre se quede atrapada en el dolor para siempre.
Que el amor verdadero no pide sufrimiento.
El amor verdadero pide presencia.
Pide vida.
Pide que sigamos aquí, que sigamos sintiendo, que sigamos amando.
Y eso fue lo que cambió algo dentro de mí.
No fue fácil.
No fue de un día para otro.
No fue una decisión que tomé una mañana y ya estaba.
Fue un proceso.
Fue un camino lento, lleno de idas y venidas, de días buenos y días en los que el peso volvía con fuerza.
Pero poco a poco fui eligiendo.
Elegí seguir sintiendo el dolor, porque el dolor es honesto y es mío.
Pero elegí no instalarme en el sufrimiento.
Elegí buscar otra manera de caminar esto.
Elegí mirar el duelo perinatal desde otro lugar.
No desde la resignación.
No desde el conformismo.
Sino desde la conciencia de que mi vida seguía teniendo sentido.
De que mis otros hijos me necesitaban presente.
De que yo también me necesitaba a mí.
De que Galadriel me había dado demasiadas cosas bonitas como para quedarme solo con el dolor de su ausencia.
El duelo por la pérdida gestacional es uno de los caminos más duros que puede atravesar una madre.
No voy a quitarle ni un gramo de peso a eso.
Pero sí quiero decirte algo que a mí me ayudó mucho.
El sufrimiento no es obligatorio.
No te lo digo para que dejes de llorar.
No te lo digo para que finjas que estás bien.
Te lo digo porque creo profundamente que dentro de ti hay una fuerza que quizás todavía no has visto.
Una fuerza que no nace de ser valiente.
Nace de elegir, cada día, seguir adelante con amor.
No sé en qué momento de tu duelo estás.
No sé si estás en los primeros días, que son los más oscuros.
O si llevas un tiempo caminando y aun así hay días que el peso vuelve.
Cada proceso es único.
Cada madre vive su pérdida de una manera distinta.
Y todas las formas son válidas.
Pero si hay algo que me ha enseñado este camino es que podemos decidir cómo nos relacionamos con el dolor.
No podemos evitarlo.
Pero sí podemos elegir no dejar que el sufrimiento ocupe cada rincón de nuestra vida.
Podemos elegir recordar a nuestros hijos desde el amor.
Podemos elegir honrar su paso por nuestra vida desde la gratitud.
Podemos elegir seguir viviendo, no a pesar de ellos, sino con ellos.
Porque ellos siguen estando.
De otra forma.
En otro plano.
Pero siguen.
Y desde donde están, lo que más quieren es vernos vivir.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que el amor no necesita sufrimiento para ser eterno.
«El amor verdadero no pide sufrimiento. Pide que sigas aquí.»
"El amor verdadero no pide sufrimiento. Pide que sigas aquí."
Ana Belén

