- 01/09/2026
- 15:55
El primer verano después del duelo perinatal
Hay estaciones que duelen más que otras en el duelo.
Y este verano está siendo una de ellas.
El primer verano sin ti.
Sin Galadriel.
El primer verano desde que te fuiste.
Y cuesta.
Cuesta más de lo que esperaba.
Aunque lo sabía.
Aunque lo intuía.
Aunque me había preparado para que fuera difícil.
Cuando llega el verano hay algo en el ambiente que cambia.
El ritmo se afloja.
Las familias se juntan más.
Los días son más largos.
Hay más tiempo para estar.
Para disfrutar.
Para crear esos momentos que luego se quedan para siempre.
Y yo me imaginaba este verano con vosotros tres.
Me lo había imaginado muchas veces.
Galadriel en la playa por primera vez.
Esa carita mirando el mar sin entender muy bien qué es esa cosa azul tan grande.
Los pies pequeños tocando la arena.
La crema solar.
El sombrero que seguramente no habría querido llevar.
Las noches más largas y más tranquilas.
Los hermanos jugando con ella.
Enseñándole el mundo con esa naturalidad que tienen los niños cuando muestran las cosas.
Me imaginaba este verano lleno.
Lleno de ella.
Y el verano ha llegado.
Y está siendo bonito.
Porque la vida sigue siendo bonita aunque duela.
Porque tus hermanos llenan cada día de risas y de ruido y de esa energía que solo tienen los niños en verano.
Porque hay momentos en los que el sol cae y el tiempo se para y la vida se siente como un regalo enorme.
Pero también hay momentos en los que te busco.
En los que miro y espero verte de alguna manera.
En los que el verano me recuerda todo lo que imaginé y no está siendo.
Y eso duele.
Sin dramatismo.
Sin oscuridad.
Pero duele.
Y está bien que duela.
Porque el duelo perinatal no desaparece cuando llega el buen tiempo.
No hace vacaciones.
No se toma un descanso porque el calendario diga que es época de descansar.
El duelo es parte de la vida.
De todos los días.
De todas las estaciones.
Y el primer verano sin ti es simplemente eso.
El primer verano aprendiendo a disfrutar mientras echo de menos.
El primer verano aprendiendo que se puede estar bien y echar de menos al mismo tiempo.
Que se puede reír en la playa y sentir tu ausencia.
Que se puede disfrutar del sol y pensar en ti.
Que la alegría y el duelo no son opuestos.
Pueden convivir.
Y de hecho conviven.
Cada día.
En cada momento bonito que vivo y que me gustaría compartir contigo.
A las madres que están viviendo su primer verano después de una pérdida gestacional, o su segundo, o el que sea, quiero decirles algo.
No hay que estar bien.
No hay que disfrutar si no apetece.
No hay que forzar nada.
Pero tampoco hay que renunciar a la alegría por sentir que sería una traición.
No lo es.
Disfrutar del verano no es olvidarla.
Es seguir viviendo con ella dentro.
Es llevarla a la playa aunque no pueda ver el mar.
Es sentir el sol y pensar que quizás ella también lo siente de alguna manera.
Es poner la cajita en el apartamento y saber que está.
Que está con nosotros aunque el verano sea diferente al que imaginamos.
Que el verano también es suyo.
Como todo lo nuestro.
Gracias, Galadriel, por estar en este primer verano aunque no esté siendo el que soñé para ti.
"La alegría y el duelo pueden convivir. Este verano me lo está enseñando."
Ana Belén

