- 09/09/2026
- 19:51
Qué no decir en el duelo perinatal: hay comentarios que también duelen
No todos los comentarios son válidos. Y el duelo me enseñó a saberlo
Hay algo que el duelo perinatal te enseña sin que nadie te lo explique.
A protegerte.
A saber qué comentarios te hacen bien y cuáles no.
A entender que no todo lo que se dice desde fuera merece un lugar dentro de ti.
Antes de perder a Galadriel, quizás habría reaccionado de otra manera ante ciertas situaciones.
Quizás habría contestado.
Quizás habría pasado sin que me afectara demasiado.
Quizás no le habría dado tanta importancia.
Pero el duelo cambia algo muy profundo en ti.
Te hace más sensible a ciertas cosas.
Te hace más consciente de cuánto pesan las palabras.
De cuánto daño puede hacer una frase dicha sin pensar.
Y yo lo viví de una manera que no esperaba.
En el garaje de mi propia casa.
Cuando quedamos embarazados de Galadriel, cambiamos el coche.
Era necesario.
Con Aritz, con Quique y con ella, las sillas de los niños no cabían en un coche normal.
Así que dimos el paso.
Un coche más grande.
Un coche que compramos pensando en ella.
Pensando en los cinco.
Pensando en nuestra familia completa.
Un coche que, cuando llegamos al garaje, salía un poquito por la parte de atrás de la plaza.
Solo un poco.
Sin molestar.
Sin invadir nada.
Porque detrás no aparca nadie, es el sitio de paso de los coches.
Y delante, si hubiéramos tirado más hacia adelante, sí habríamos molestado al coche de enfrente.
Un día bajé al garaje con una amiga.
Y nos cruzamos con una chica que también aparca allí.
No la conocía de nada.
Empezó a hacer preguntas.
Que si la plaza era nuestra.
Que dónde vivíamos.
Preguntas que ya de por sí me incomodaron viniendo de alguien que no conozco de nada.
Pero lo que más me dolió fue una frase.
Una sola frase.
Dicha así, sin más, sin saber nada de mí, sin saber nada de mi vida.
A santo de qué las personas se compran coches tan grandes.
Y me quedé callada.
No porque no tuviera nada que decir.
Sino porque lo que tenía que decir era demasiado grande para ese momento.
Porque esa frase, que para ella quizás era un comentario sin importancia, para mí tenía un peso que ella no podía imaginar.
Ese coche grande lo compramos para que Galadriel tuviera sitio.
Para que cuando naciera hubiera espacio para todos.
Para que nuestra familia de cinco pudiera ir junta a cualquier sitio.
Y Galadriel no estaba.
Pero el coche sí.
Y ese coche, cada vez que lo veo, me recuerda a ella.
Me recuerda el amor con el que lo elegimos.
Me recuerda los planes que teníamos.
Me recuerda todo lo que imaginamos y que no llegó a ser.
Eso es lo que hay detrás de ese coche tan grande.
No un capricho.
No una necesidad de aparentar.
Amor.
Y duelo.
Y una familia que sigue siendo de cinco aunque solo se vean cuatro.
Me quedé callada porque ella no sabía el dolor que me pudo suponer esa frase.
Y eso es algo que pienso mucho desde el duelo perinatal.
Que nunca sabemos lo que hay detrás de las personas que tenemos delante.
Que un comentario que para ti es insignificante puede llegar a alguien en el peor momento de su vida.
Que las palabras pesan.
Que el desconocimiento no es excusa para la falta de cuidado.
Y que a veces, el silencio más sabio es el que se guarda antes de hablar.
No cuento esto para quejarme de esa persona.
No cuento esto desde la rabia.
Lo cuento porque creo que es importante reflexionar sobre cómo nos hablamos.
Sobre cómo nos relacionamos con personas que no conocemos.
Sobre cuánto daño podemos hacer sin quererlo, sin saberlo, sin darnos cuenta.
Y también lo cuento para decirle algo a todas las madres que están en el duelo y que han vivido momentos parecidos.
No todos los comentarios merecen una respuesta.
No todos los comentarios merecen un lugar dentro de ti.
Tienes todo el derecho del mundo a protegerte.
A elegir a qué le das espacio y a qué no.
A quedarte callada cuando la respuesta que tienes es demasiado grande y demasiado sagrada para compartirla con quien no la merece.
Eso también es amor propio.
Eso también forma parte del camino del duelo.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que no todo merece mi energía. Y que protegerme también es una forma de honrarte.
"No todos los comentarios merecen una respuesta. Protegerte también es amor."
Ana Belén

