- 14/09/2026
- 12:59
Lo que el duelo perinatal me enseñó sobre los temas pendientes
Hay algo que el duelo te enseña de una manera muy directa y muy honesta.
Que el tiempo no está garantizado.
Que las personas que tenemos cerca pueden no estar mañana.
Que lo que dejamos para después a veces no tiene después.
Y eso, cuando lo entiendes de verdad, cuando lo sientes en el cuerpo y en el alma, cambia la manera en que te relacionas con todo y con todos.
A mí me lo enseñó perder a Galadriel.
Me lo enseñó el duelo perinatal.
Me lo enseñó tener que despedirme de alguien sin haber tenido tiempo de decirle todo lo que quería decirle.
Sin haber tenido tiempo de vivir todo lo que quería vivir con ella.
Sin haber tenido tiempo, simplemente, de estar.
Y esa experiencia me abrió los ojos a algo que antes no veía con tanta claridad.
Que hay temas pendientes con las personas que amamos que no podemos seguir aplazando.
Conversaciones que tenemos guardadas.
Malentendidos que arrastramos sin resolver.
Rencores que cargamos sin necesidad.
Situaciones que quedaron a medias y que nunca terminamos de cerrar.
Y mientras esas personas están aquí, mientras podemos hablar, mientras podemos mirarnos a los ojos y decir lo que necesitamos decir, lo aplazamos.
Lo dejamos para otro momento.
Para cuando haya más calma.
Para cuando sea más fácil.
Para cuando estemos más preparados.
Pero ese momento muchas veces no llega.
O llega demasiado tarde.
Y entonces viene el arrepentimiento.
Ese arrepentimiento que es uno de los pesos más difíciles de cargar en el duelo.
El de las cosas que no se dijeron.
El de las conversaciones que no se tuvieron.
El de los temas que se quedaron sin zanjar.
Yo lo he visto en personas cercanas que han perdido a alguien importante.
Y lo he sentido en mi propio proceso.
Esa sensación de ojalá hubiera dicho.
Ojalá hubiera hablado.
Ojalá no hubiera esperado.
Y desde ese lugar, desde esa conciencia que me regaló el duelo perinatal, tomé una decisión.
Zanjar los temas pendientes en vida.
No dejar conversaciones importantes para después.
No cargar con rencores que no me pertenecen.
No guardar silencio cuando hay algo que necesita ser dicho.
No acumular malentendidos que con una conversación honesta podrían resolverse.
Porque si esa persona se va mañana, quiero haberle dicho lo que sentía.
Quiero haber cerrado lo que necesitaba cerrarse.
Quiero no cargar con el peso de lo que quedó sin decir.
No te digo que sea fácil.
Hay conversaciones que dan miedo.
Hay temas que incomodan.
Hay situaciones que preferiríamos no tener que abordar.
Pero el miedo a esa conversación difícil es mucho más pequeño que el peso del arrepentimiento cuando ya no hay oportunidad de tenerla.
Y eso lo sé porque el duelo me lo ha enseñado.
Porque perder a alguien, sea de la manera que sea, te enfrenta de golpe a todo lo que no dijiste.
Y eso duele de una manera muy particular.
De una manera que podría haberse evitado.
Quiero decirte algo si estás leyendo esto y hay alguien en tu vida con quien tienes algo pendiente.
No esperes.
No esperes al momento perfecto.
No esperes a que sea más fácil.
No esperes a que el tiempo lo resuelva solo.
Porque el tiempo no resuelve las conversaciones que no se tienen.
Solo las aleja.
Solo las hace más difíciles.
Y si algo nos enseña el duelo es que no sabemos cuánto tiempo tenemos.
Ni nosotros.
Ni las personas que amamos.
Lo único que tenemos es el ahora.
Y el ahora es el mejor momento para decir lo que necesita ser dicho.
Para zanjar lo que necesita ser zanjado.
Para cerrar lo que merece ser cerrado.
Desde el amor.
Desde el respeto.
Desde la honestidad.
Porque vivir con los temas resueltos es una de las formas más bonitas de cuidar las relaciones que tenemos.
Y de cuidarnos a nosotras mismas.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que el amor que no se dice a tiempo puede convertirse en el peso más difícil de cargar.
"Las conversaciones que no se tienen no desaparecen. Se quedan dentro. Para siempre."
Ana Belén

