- 07/07/2026
- 8:05 am
Perdonarte a ti misma también forma parte del duelo perinatal
La culpa en el duelo perinatal: una emoción más frecuente de lo que creemos
Cuando te perdonas a ti, aprendes a perdonar a los demás
Hay algo que el duelo trae consigo que pocas veces se nombra.
La culpa.
Esa voz dentro de ti que aparece sin avisar y que empieza a preguntarte cosas.
¿Lo hice bien?
¿Podría haber hecho algo diferente?
¿Hubo algo en mí que falló?
Cuando perdí a Galadriel, cuando el duelo perinatal entró en mi vida, esa voz también estuvo ahí.
Y sé que no soy la única.
Sé que muchas madres que han atravesado la pérdida de un bebé conocen esa sensación.
Esa carga invisible que nadie ve pero que pesa muchísimo.
La culpa es una de las emociones más difíciles de soltar en el duelo.
Porque se disfraza de amor.
Porque parece que si te perdonas, estás dejando de querer.
Porque parece que cargar con ella es una forma de honrar lo que pasó.
Pero no es así.
La culpa no es amor.
La culpa es miedo.
Miedo a no haber sido suficiente.
Miedo a no haber hecho lo correcto.
Miedo a que de alguna manera lo que pasó tenga que ver contigo.
Y la realidad es que no.
Que hiciste lo que pudiste con lo que tenías.
Que tu amor fue real desde el primer momento.
Que no hay nada en ti que merezca ser castigado.
Perdonarte a ti misma es uno de los actos más valientes que puedes hacer en el duelo.
No es olvidar.
No es borrar lo que pasó.
Es mirarte con la misma compasión con la que mirarías a cualquier otra madre que estuviera pasando por lo mismo.
Es decirte a ti misma lo que le dirías a ella.
Que hiciste lo que pudiste.
Que el amor que sentiste fue enorme.
Que no tienes nada de lo que avergonzarte.
Cuando empecé a soltar esa culpa, cuando empecé a perdonarme, algo dentro de mí cambió.
No de golpe.
Poco a poco.
Pero algo se fue aflojando.
Algo que había estado muy apretado dentro empezó a respirar.
Y desde ese lugar más libre, más liviano, más en paz conmigo misma… ocurrió algo que no esperaba.
Empecé a poder perdonar también a los demás.
Porque cuando atraviesas un duelo, el entorno no siempre sabe cómo estar.
Hay personas que dicen lo que no toca.
Hay personas que desaparecen cuando más las necesitas.
Hay personas que minimizan tu dolor sin querer hacerte daño.
Hay personas que, desde su propio miedo a la muerte, no saben cómo mirarte.
Y eso duele.
A veces duele casi tanto como la propia pérdida.
Porque estás en el momento más vulnerable de tu vida y sientes que el mundo no está a la altura.
Yo también lo sentí.
Yo también tuve momentos de rabia.
De incomprensión.
De preguntarme cómo era posible que ciertas personas reaccionaran de determinadas maneras.
Pero con el tiempo entendí algo importante.
Las personas actúan desde donde están.
Desde su propia historia.
Desde sus propios miedos.
Desde lo que saben y desde lo que no saben.
Y la mayoría, aunque no lo parezca, no actúan desde la maldad.
Actúan desde la ignorancia.
Desde el no saber cómo estar delante de algo tan grande.
Y cuando lo entendí así, cuando empecé a mirarlo desde ese lugar más consciente, más espiritual… la rabia fue perdiendo fuerza.
No porque lo que hicieron estuviera bien.
Sino porque cargar con esa rabia solo me hacía daño a mí.
Perdonar no es decir que todo estuvo bien.
Perdonar no es quitarle importancia a lo que pasó.
Perdonar es soltar el peso que tú estás cargando.
Es elegir no dejar que el comportamiento de otras personas ocupe más espacio dentro de ti del que merece.
Es liberarte.
Y esa liberación empieza siempre en el mismo sitio.
En ti.
En aprender a mirarte con amor.
En aprender a perdonarte primero a ti misma.
Porque cuando te perdonas a ti, cuando te liberas de esa culpa que no te pertenece, tienes mucho más espacio dentro.
Espacio para el amor.
Espacio para la calma.
Espacio para seguir caminando el duelo desde un lugar más ligero.
No sé en qué punto estás tú ahora mismo.
No sé si la culpa sigue muy presente o si ya has empezado a soltarla.
No sé si hay personas en tu entorno con las que todavía hay heridas abiertas.
Cada proceso es único y cada una lo vive a su manera.
Pero si hay algo que yo he aprendido en este camino es que el perdón no es un regalo que le das a los demás.
Es un regalo que te das a ti.
Y ese regalo empieza siempre mirándote por dentro.
Con amor.
Con paciencia.
Sin prisa.
Gracias, Galadriel, por enseñarme que soltar también es una forma de amar.
"El perdón no es un regalo que le das a los demás. Es un regalo que te das a ti."
Ana Belén

