Primer plano en blanco y negro de un bebé recién nacido tumbado de lado, con los ojos abiertos, la imagen del milagro que el duelo perinatal enseña a ver en cada nacimiento.

El duelo perinatal cambia tu forma de ver la vida que llega

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El duelo me enseñó a ver el milagro donde antes solo veía algo bonito

Antes de perder a Galadriel, me encantaba que nacieran bebés.

Me alegraba.

Me llenaba.

Me parecía algo bonito y especial.

Pero era una alegría diferente a la que siento ahora.

Porque ahora, cuando nace un bebé, me pasa algo que antes no me pasaba.

Lloro.

No de tristeza.

De emoción.

De una emoción tan profunda y tan difícil de explicar que a veces ni yo misma entiendo del todo de dónde viene.

Pero sé de dónde viene.

Viene del duelo.

Viene de perder a Galadriel.

Viene de haber aprendido de la manera más dura lo que significa que una vida llegue al mundo.

Antes lo sabía.

Claro que lo sabía.

Soy madre.

He vivido el embarazo.

He sentido a mis hijos crecer dentro de mí.

Pero hay una diferencia enorme entre saber algo y sentirlo de verdad en el alma.

Y el duelo perinatal me llevó a ese lugar.

A sentirlo de verdad.

A entender con cada célula de mi cuerpo lo que significa que un bebé nazca.

Lo que significa que ese corazón tan pequeño siga latiendo.

Lo que significa que esa vida que crecía dentro de alguien llegue al mundo con todo por delante.

Porque yo sé lo que es que eso no ocurra.

Yo sé lo que es escuchar el silencio donde debería haber un latido.

Yo sé lo que es despedirte de alguien antes de haber podido empezar.

Y desde ese saber, cada bebé que nace se convierte en algo enorme.

En un milagro.

En el amor más puro y más real que existe.

Porque eso es lo que es un bebé.

Amor puro.

Sin condiciones.

Sin historia.

Sin heridas.

Sin nada que lo complique.

Solo amor en su forma más limpia y más honesta.

Y desde que atravieso el duelo por la pérdida de mi hija, lo veo así.

Lo siento así.

Con una intensidad que antes no tenía.

Con una gratitud que antes no había.

Con una conciencia muy profunda de que cada nacimiento es un regalo que no estaba garantizado.

Que hay familias que esperan ese momento y no llega.

Que hay madres que lo dan todo y aun así la vida va en otra dirección.

Que hay bebés que se van antes de que el mundo pueda conocerlos de la manera que merecen.

Y por eso, cuando uno se queda, cuando uno llega y llora y respira y abre los ojos por primera vez, algo dentro de mí se mueve de una manera muy especial.

No lo puedo evitar.

Las lágrimas llegan solas.

Sin que yo las llame.

Sin que las busque.

Simplemente llegan.

Porque hay algo en ese momento que me conecta con Galadriel de una manera muy directa.

Que me recuerda todo lo que imaginé y no fue.

Pero también todo lo que fue.

Todo lo que vivimos juntas aunque fuera de una manera diferente a la que esperaba.

Y en ese mismo instante, mientras lloro de emoción, hay algo que siento muy claro.

Gratitud.

Gratitud hacia esa familia que en ese momento está viviendo lo más bonito que existe.

Gratitud hacia ese bebé que ha llegado al mundo con todo su amor intacto.

Y gratitud también hacia Galadriel.

Por haberme abierto los ojos de esta manera.

Por haberme enseñado a ver el milagro donde antes solo veía algo bonito.

Por haberme dado esta sensibilidad que a veces duele pero que también es uno de los regalos más grandes que me ha hecho este camino.

El duelo perinatal cambia muchas cosas.

Cambia la manera en que te miras.

La manera en que miras a los demás.

La manera en que vives.

Y también cambia la manera en que recibes la vida cuando llega.

Porque cuando has estado tan cerca de la pérdida, cuando sabes lo frágil que es todo, cada nacimiento se convierte en algo sagrado.

En algo que merece ser celebrado con todo.

Con las lágrimas incluidas.

Con la emoción que no se puede contener.

Con ese amor tan enorme que se desborda sin pedir permiso.

Gracias, Galadriel, por enseñarme que cada bebé que llega al mundo es el amor más puro que existe.

"Un bebé es amor puro. Sin condiciones. Sin historia. Y el duelo perinatal me enseñó a sentirlo de verdad."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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