Madre junto a su hijo tras un duelo perinatal, reflejando el vínculo familiar y el recuerdo de un bebé que sigue presente en la familia.

Cómo viven el duelo los hermanos tras la pérdida de un bebé

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Eres una estrella del Universo y tu hermano lo sabe

Hay conversaciones que no se olvidan.

Que se quedan grabadas dentro de ti para siempre.

No porque las hayas buscado.

No porque las hayas preparado.

Sino porque llegaron solas.

En un momento cotidiano.

En medio del día.

Sin avisar.

Esta fue una de esas conversaciones.

Estábamos hablando de ti, Galadriel.

Como hacemos tantas veces.

Porque en casa tu nombre no desaparece.

Porque en casa eres parte de todo.

Y en un momento de esa conversación, le dije a Aritz que eras una estrella del Universo.

Y él, con esa mente tan limpia y tan llena de preguntas que tienen los niños, me preguntó algo que me paró en seco.

Si todas las estrellas eras tú.

Y me quedé un momento en silencio.

Porque es una de esas preguntas que solo puede hacer alguien que todavía mira el mundo con los ojos completamente abiertos.

Le dije que no.

Que tú eres una estrella.

Pero que el cielo está lleno de estrellas de bebés como tú.

De bebés que se fueron y que desde ahí arriba siguen brillando.

Siguen presentes.

Siguen siendo parte de las familias que los aman.

Y entonces le dije algo más.

Que aunque seas una estrella, puedes bajar cuando te apetezca a vernos.

Que no estás lejos.

Que el amor no tiene distancia.

Que cuando quieras estar aquí, aquí estás.

Y le pregunté.

Si algún día te viera, si me lo diría.

Y él dijo que sí.

Sin dudar.

Sin pensarlo.

Con esa naturalidad que tienen los niños cuando aún no han aprendido a dudar de lo que sienten.

Y ese sí tan pequeño, tan sencillo, me llegó al alma de una manera que no sé explicar del todo.

Porque hay algo muy profundo en la manera en que los niños se relacionan con lo que no se ve.

Con lo que no se toca.

Con lo que existe más allá de lo que los ojos pueden confirmar.

Los adultos dudamos.

Los adultos cuestionamos.

Los adultos necesitamos pruebas.

Pero los niños simplemente creen.

Simplemente sienten.

Simplemente saben.

Y Aritz sabe que su hermana está.

No de la manera en que están sus amigos del colegio.

No de la manera en que estamos nosotros en casa.

Pero está.

Y él lo integra de una manera tan natural, tan bonita, tan sin complicaciones, que a veces soy yo la que aprendo de él.

Porque el duelo perinatal nos enfrenta a preguntas muy grandes.

A conversaciones que no sabemos cómo tener.

A momentos en los que no sabemos qué decir ni cómo explicar lo inexplicable.

Y sin embargo, cuando dejamos que el amor guíe esas conversaciones, cuando no las forzamos ni las complicamos, algo muy bonito ocurre.

Los niños lo reciben.

Lo integran.

Lo hacen suyo.

De una manera que los adultos muchas veces no sabemos hacer.

El día que Aritz me diga que te ha visto, sabré algo que ya siento pero que en ese momento se confirmará de una manera muy especial.

Que estáis completamente conectados.

Que el vínculo entre hermanos no lo rompe la distancia ni la forma en que cada uno existe.

Que el amor entre vosotros es real aunque él no pueda abrazarte físicamente.

Que tú, desde donde estés, le mandas señales.

Le hablas.

Le dices que estás.

Y que él, con esa antena tan limpia que tienen los niños pequeños, te recibe.

Te escucha.

Te siente.

Y eso, para mí, es uno de los regalos más bonitos que me ha dado este camino.

Ver cómo mis hijos te llevan dentro de una manera tan pura y tan llena de amor.

Ver cómo la familia que somos, aunque no seamos los cinco de la misma manera, es una familia completa.

Ver cómo tú, aunque seas una estrella del Universo, sigues siendo la hermana de Aritz y de Quique.

Siempre.

Gracias, Aritz, por buscar a tu hermana en el cielo.

Gracias, Galadriel, por estar en cada estrella que él mira.

"Los niños todavía saben mirar lo que los adultos hemos aprendido a no ver."

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.

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