Reloj de arena en blanco y negro con la arena cayendo despacio, como imagen de los tiempos de cada duelo

Respetar el duelo de los demás: cada duelo tiene sus tiempos

Inicio / Acompañar el duelo / Respetar el duelo de los demás: cada duelo tiene sus tiempos

Duelo sin prisa: nadie puede decirte cuándo tienes que estar mejor

El duelo de mi hija me ha enseñado muchas cosas. Algunas tienen que ver conmigo, con mi manera de entender la muerte, con mi espiritualidad o con la forma en la que quiero vivir a partir de ahora.

Pero también me ha enseñado algo que tiene mucho que ver con los demás:

que mi manera de vivir un duelo no tiene por qué ser la manera de vivirlo de otra persona.

Ahora que estoy viviendo un embarazo arcoíris, me doy cuenta todavía más.

Yo he decidido que no quiero esconder mi embarazo por miedo a lo que pueda pasar. Después de todo lo vivido, siento que quiero disfrutar de este momento, compartirlo cuando me nazca hacerlo y no esperar a determinada semana simplemente “por si acaso”.

Pero esa es mi decisión.

Mi momento.

Mi forma de vivirlo.

Y quizá otra mujer que haya atravesado un duelo gestacional o un duelo perinatal necesite hacer justamente lo contrario.

Quizá necesite esperar.

Quizá no quiera contárselo prácticamente a nadie durante las primeras semanas.

Quizá necesite llegar a determinada ecografía.

Quizá necesite escuchar un latido una vez, dos o diez.

Quizá incluso cuando todo esté aparentemente bien siga sin sentirse preparada para compartirlo.

Y ahora entiendo que eso también está bien.

Cada duelo tiene sus propios tiempos

Creo que a veces cometemos el error de medir el proceso de los demás utilizando nuestro propio camino como referencia.

“Yo a estas alturas ya podía hablar de ello”.

“Yo hice esto y me ayudó muchísimo”.

“Deberías intentar salir”.

“Ya ha pasado bastante tiempo”.

“Intenta disfrutar”.

Muchas veces estas frases pueden nacer desde el amor y desde las ganas de ayudar. Pero el proceso de duelo no funciona con un calendario.

No existe un momento concreto en el que una persona tenga que estar preparada para hablar, recordar, guardar algo, mostrarlo, volver a determinados lugares, tomar decisiones o enfrentarse a situaciones que despiertan miedo.

Cada duelo tiene sus tiempos.

Y cada persona también.

Lo que a mí puede darme paz, a otra persona puede removerle profundamente. Lo que yo puedo afrontar hoy, quizá otra mujer necesite meses o años para poder hacerlo. Y lo que a mí me costó muchísimo al principio, quizá para otra persona resulte más sencillo.

No creo que ninguna de las dos esté haciéndolo mejor.

Simplemente estamos recorriendo caminos diferentes.

Un embarazo arcoíris también puede despertar el duelo

Ahora puedo entender todavía mejor por qué una persona puede tener miedo a contar un nuevo embarazo.

Porque un embarazo arcoíris después de un duelo puede traer una ilusión inmensa y, al mismo tiempo, hacer que vuelvan emociones que parecían estar más tranquilas.

El amor por ese nuevo bebé puede convivir con el miedo.

La alegría puede convivir con los recuerdos.

Las ganas de compartirlo pueden convivir con la necesidad de proteger ese momento durante un tiempo.

Y quizá desde fuera alguien piense: “Pero si todo está bien, ¿por qué no lo cuenta?”.

Porque puede que todavía no pueda.

Porque quizá su duelo sigue estando muy presente.

Porque tal vez necesita sentirse preparada.

Y no pasa nada.

Acompañar también significa respetar eso.

Respetar un duelo es dejar de imponer nuestros tiempos

Para mí, acompañar un duelo no significa intentar que la otra persona avance al ritmo que nosotros creemos que debería hacerlo.

No significa empujar.

Ni comparar.

Ni utilizar nuestra experiencia como medida.

A veces acompañar es simplemente quedarse cerca.

Escuchar.

Preguntar qué necesita.

Respetar un silencio.

Aceptar un “todavía no”.

Y comprender que ese “todavía no” no significa que la persona esté haciendo algo mal.

Quizá simplemente significa que necesita más tiempo.

Esto es algo que mi propio duelo me ha enseñado muchísimo.

Porque yo puedo contar mi experiencia, puedo hablar de Galadriel, puedo explicar cómo entiendo hoy la muerte y puedo compartir las herramientas que a mí me han ayudado.

Pero mi experiencia no es una fórmula.

No quiero que lo sea.

Quiero que sea una mano tendida para quien encuentre algo en ella que le pueda ayudar.

Y si una persona necesita recorrer el camino de otra manera, también merece todo mi respeto.

No hay que llegar antes a ningún sitio

Creo que cuando hablamos de sentirnos “mejor” después de un duelo también tenemos que tener cuidado.

Porque sentirse mejor no significa olvidar.

No significa dejar atrás a nuestro bebé.

Ni significa que un día nos levantemos y el duelo haya terminado.

Para mí tiene más que ver con aprender a convivir con lo sucedido, encontrar nuestra propia manera de integrar ese amor y poder seguir viviendo sin exigirnos llegar a un lugar concreto en una fecha determinada.

Habrá días más tranquilos.

Otros más difíciles.

Momentos en los que creamos haber avanzado muchísimo y otros en los que una emoción nos lleve de nuevo a un lugar que pensábamos que ya habíamos atravesado.

Y eso también forma parte del camino.

El duelo no es una competición.

No hay una meta a la que llegar antes.

No hay premios por poder hablar antes, llorar menos, guardar antes las cosas de nuestro bebé o volver a sonreír más rápido.

Hay personas.

Hay historias.

Hay amor.

Y hay tiempos.

Mi duelo me enseñó a respetar el duelo de los demás

Quizá esta sea una de las enseñanzas más bonitas que me ha dejado Galadriel: aprender a mirar los procesos de otras personas con más empatía.

Hoy puedo decir que no tengo miedo a contar mi embarazo arcoíris por lo que pueda pasar.

Pero también puedo mirar a otra madre que decide mantenerlo en silencio y comprenderla.

No necesito convencerla de que lo viva como yo.

No necesito decirle que disfrute más.

No necesito hacerle ver las cosas desde mi perspectiva.

Puedo simplemente respetarla.

Porque quizá aquello que para mí hoy es ilusión, para ella todavía está rodeado de muchísimo miedo.

Y porque nunca sabemos todo lo que está ocurriendo dentro de una persona.

Por eso, si alguien que quieres está atravesando un duelo, quizá una de las formas más bonitas de acompañarlo sea dejar de preguntarnos cuánto tiempo debería necesitar y empezar a preguntarnos qué necesita de nosotros mientras recorre su camino.

Porque cada duelo tiene su ritmo.

Cada corazón tiene sus tiempos.

Y cada persona merece poder caminar su duelo sin prisa, sin comparaciones y sin sentir que tiene que demostrar a nadie que ya está mejor.

“Cada duelo tiene su ritmo y cada corazón necesita su propio tiempo.”

El Amor del Duelo, el libro

Este libro no pretende decirte cómo debes vivir tu pérdida. Pretende recordarte que no estás sola.

¿ Necesitas hablar?

Estoy aquí para escucharte.
Scroll al inicio