Dos mujeres sentadas junto al agua al atardecer: una baja la mirada y la otra la acompaña en silencio, sin invadir su espacio.

Poner límites en el duelo: tu historia sigue siendo tuya

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Duelo perinatal y límites: compartir tu historia no significa regalarla

Hay algo que he aprendido durante el duelo de mi hija y de lo que quizá no se habla demasiado.

Llevar “bien” un duelo no significa que todo esté permitido.

Que yo pueda hablar de Galadriel con una sonrisa, que nombre a mi hija con naturalidad, que comparta mi experiencia, que escriba sobre mi duelo o que haya encontrado una manera de vivirlo desde el amor y la paz no significa que las personas que me rodean tengan total libertad para entrar en él de cualquier manera.

Mi duelo sigue siendo mío.

Y la historia de mi hija sigue siendo suya y de nuestra familia.

Creo que a veces, cuando alguien observa desde fuera que una persona está viviendo su duelo de una forma más serena, puede interpretar que ciertos límites ya no existen.

Como si poder hablar significara poder hablar de todo. Como si compartir una parte de nuestra historia significara haber dado permiso para opinar sobre ella. Como si llevar nuestro duelo con calma significara que determinadas palabras, comentarios o decisiones ya no pudieran hacernos daño.

Y no es así.

Llevar “bien” un duelo no significa que todo deje de doler

Para empezar, ni siquiera sé si existe realmente eso de llevar “bien” un duelo.

Cada persona encuentra su propia forma de caminarlo.

Yo he encontrado la mía. Mi espiritualidad, mi manera de entender la muerte, escribir, hablar de Galadriel, crear este espacio y acompañar a otras personas me han ayudado muchísimo.

Pero que yo pueda hablar de mi hija desde el amor no significa que todo lo relacionado con ella me resulte indiferente.

Hay cosas que me remueven. Hay comentarios que pueden molestarme. Hay decisiones sobre las que considero que únicamente nos corresponde decidir a nosotros.

Y hay momentos en los que necesito decir:

Hasta aquí.

Eso también forma parte del duelo.

Compartir mi historia no significa regalarla

Este punto me parece especialmente importante para mí porque he decidido hacer pública una parte de mi experiencia.

Escribo sobre mi duelo perinatal. Hablo de Galadriel. Cuento cosas que he vivido y comparto muchos de los aprendizajes que su muerte me ha dejado.

Pero compartir mi historia con la intención de acompañar a otras personas no significa dejar de tener derecho a decidir hasta dónde quiero compartirla y de qué manera.

Hay una diferencia enorme entre abrir una ventana de tu vida y dejar todas las puertas abiertas.

Yo puedo decidir contar algo y, al mismo tiempo, decidir que otra parte pertenece únicamente a mi intimidad.

Puedo hablar de Galadriel y no querer responder determinadas preguntas.

Puedo compartir fotografías, recuerdos o momentos y no querer que otras personas los utilicen como si fueran suyos.

Puedo hablar con naturalidad de la muerte de mi hija y no querer escuchar opiniones sobre cómo debería vivir su duelo, recordarla, nombrarla o mantenerla presente en mi familia.

Porque una historia compartida sigue teniendo límites.

La ausencia física no da derechos sobre la historia de alguien

Creo que aquí está una de las partes más delicadas.

Cuando una persona muere y deja de estar físicamente, puede ocurrir algo extraño: algunas personas sienten cierta libertad para hablar de ella, interpretar su historia o tomar decisiones simbólicas relacionadas con ella como quizá no harían si esa persona estuviera físicamente presente.

Pero para mí, que Galadriel no esté aquí físicamente no significa que su historia pertenezca a todo el mundo.

Galadriel es mi hija.

Tiene su lugar dentro de nuestra familia. Tiene hermanos. Tiene un padre. Tiene una madre. Tiene una historia.

Y aunque yo crea profundamente que su existencia continúa de otra manera, hay una parte de su vida y de nuestro duelo que pertenece a nuestra intimidad.

Eso merece respeto.

Porque honrar la memoria de alguien también puede significar respetar a quienes forman parte de su historia más íntima.

Poner límites en el duelo no es rechazar a los demás

Durante mucho tiempo quizá hemos relacionado poner límites con ser desagradables, egoístas o crear conflictos.

Pero mi duelo me ha enseñado a verlo de otra manera.

A veces poner un límite simplemente significa proteger algo que para ti es profundamente importante.

Puede ser decir que no quieres hablar de un tema. Pedir que determinada fotografía no se comparta. Explicar que un comentario te ha molestado. Decir que una decisión relacionada con tu bebé corresponde a la familia. O simplemente expresar: “Esto prefiero mantenerlo para nosotros”.

No hace falta hacerlo desde la rabia.

Puede hacerse desde el amor, desde el respeto y desde la calma.

Pero también desde la firmeza.

Porque acompañar un duelo no significa entrar en él sin llamar a la puerta.

Acompañar también es preguntar antes de entrar

Creo que esta reflexión también puede ayudarnos cuando somos nosotros quienes acompañamos a alguien.

Quizá no sepamos dónde están sus límites.

Y no pasa nada.

Podemos preguntar. Podemos observar. Podemos respetar.

Podemos decir: “¿Te apetece hablar de ello?”.

Podemos preguntar antes de compartir algo relacionado con su hijo o hija.

Podemos dejar que sea esa persona quien marque hasta dónde quiere llegar.

Porque el acompañamiento emocional durante el duelo no consiste únicamente en estar presentes. También consiste en saber cuándo dar espacio.

A veces acompañamos hablando.

Otras escuchando.

Y algunas veces acompañamos respetando una puerta que la otra persona todavía no quiere abrir.

Mi duelo, mis límites

Mi manera de vivir el duelo ha cambiado muchísimo desde que Galadriel murió.

He aprendido a hablar, a compartir, a expresar y a transformar muchas emociones.

Pero también he aprendido a proteger.

Y ambas cosas pueden convivir.

Puedo tener un blog sobre duelo perinatal y conservar partes de mi historia únicamente para mí.

Puedo hablar públicamente de mi hija y seguir poniendo límites alrededor de su historia.

Puedo llevar mi duelo desde la paz y decir que algo no me parece bien.

Puedo comprender las buenas intenciones de alguien y, aun así, pedirle que no vuelva a hacer determinada cosa.

Porque llevar un duelo con amor no significa renunciar a nuestros límites.

Y quizá una parte del duelo consciente también sea aprender esto: no necesitamos justificar continuamente aquello que necesitamos proteger.

Nuestros hijos siguen teniendo su lugar.

Sus historias tienen valor.

Nuestros recuerdos tienen valor.

Nuestra intimidad tiene valor.

Y nosotros tenemos derecho a decidir qué compartimos, con quién lo compartimos y hasta dónde permitimos entrar a los demás.

Poner límites no significa amar menos a las personas que nos rodean. A veces significa aprender a querernos y respetarnos también a nosotros mismos.

Y después de todo lo que el duelo me ha enseñado, cada vez tengo más claro que proteger mi paz también forma parte de mi camino.

“Tu historia puede ser compartida, pero sigue teniendo límites que merecen ser respetados.”

El Amor del Duelo, el libro

Este libro no pretende decirte cómo debes vivir tu pérdida. Pretende recordarte que no estás sola.

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