- 21/10/2026
- 12:41
Duelo y transformación: aprender a elegir tu propio camino
El duelo me ha hecho quedarme sola muchas veces.
A veces porque algunas personas se alejaron. Otras porque fui yo quien decidió tomar distancia. Y muchas porque empecé a mirar la vida de una manera diferente y descubrí que ya no quería caminar hacia algunos lugares simplemente porque era hacia donde caminaba todo el mundo.
Al principio, quedarse sola puede dar miedo.
Estamos acostumbrados a buscar pertenecer, a sentir que formamos parte de algo, a mirar a nuestro alrededor para comprobar que vamos en la misma dirección que los demás.
Pero mi duelo perinatal me enseñó algo que hoy agradezco muchísimo:
No siempre quiero ir hacia donde va la multitud.
A veces necesito detenerme.
Otras veces necesito avanzar.
Y algunas necesito mirar hacia el otro lado y preguntarme si quizá mi camino está precisamente allí.
El duelo cambió mi manera de mirar la vida
Después de la muerte de Galadriel hubo muchas cosas que dejaron de tener para mí el mismo sentido.
No porque de repente tuviera todas las respuestas.
Más bien ocurrió lo contrario.
Empecé a hacerme muchas más preguntas.
¿Por qué hago esto?
¿Realmente quiero estar aquí?
¿Estoy tomando esta decisión porque la siento o porque es lo que se espera de mí?
¿Quiero seguir manteniendo determinadas relaciones?
¿Esta manera de vivir me hace feliz?
Creo que antes era mucho más fácil continuar caminando sin plantearme algunas de estas cosas. Seguimos rutinas, costumbres, relaciones y formas de pensar porque siempre han estado ahí.
Hasta que algo rompe completamente nuestra manera de entender la vida.
En mi caso, fue el duelo.
No seguir a la multitud también puede significar quedarte sola
Elegir tu propio camino tiene una parte preciosa, pero también tiene otra que no siempre es fácil.
Cuando dejas de hacer lo que se espera de ti, algunas personas pueden no entenderte.
Cuando empiezas a poner límites, quizá alguien se moleste.
Cuando decides vivir tu duelo de una manera diferente, puede que recibas opiniones.
Cuando empiezas a escuchar más lo que necesitas y menos lo que los demás creen que deberías necesitar, quizá algunas relaciones cambien.
Y cuando miras hacia otro lado mientras todos parecen caminar en la misma dirección, durante un tiempo puedes sentir que estás caminando sola.
A mí me ha pasado.
Pero con el tiempo también he descubierto que estar acompañada no siempre significa estar en el lugar correcto para mí, de la misma manera que caminar sola no significa estar equivocada.
Y eso me ha dado muchísima libertad.
Aprender a confiar en mi propio camino
El duelo me ha enseñado a escucharme.
A preguntarme qué quiero yo.
Qué necesito.
Qué me aporta paz.
Qué quiero conservar en mi vida y qué necesito dejar marchar.
No significa que ya no escuche a los demás ni que crea que mi forma de hacer las cosas sea mejor.
Significa que ya no necesito que todo el mundo camine conmigo para sentir que puedo seguir avanzando.
Puedo escuchar una opinión y elegir otra cosa.
Puedo ver a muchas personas caminando hacia un lugar y decidir que yo quiero ir en otra dirección.
Puedo cambiar de idea.
Puedo detenerme.
Puedo volver a empezar.
Y también puedo equivocarme.
Porque elegir mi propio camino no significa acertar siempre. Significa asumir que mi vida también merece ser vivida desde mis propias decisiones.
Mirar hacia el otro lado
Hay una imagen que me gusta mucho cuando pienso en todo esto.
Imagino a muchas personas caminando hacia el mismo lugar.
Y, de repente, alguien gira la cabeza.
Mira hacia el otro lado.
Quizá allí no haya nadie.
Quizá no exista un camino marcado.
Quizá ni siquiera sepa exactamente qué va a encontrar.
Pero algo dentro de ella le dice que mire.
Creo que el duelo hizo eso conmigo.
Me obligó a detenerme en mitad de una vida que seguía avanzando y mirar hacia lugares que antes quizá ni siquiera habría contemplado.
Hacia mi espiritualidad.
Hacia otra manera de entender la muerte.
Hacia mi forma de relacionarme con las personas.
Hacia mis prioridades.
Hacia aquello a lo que quiero dedicar mi tiempo.
Hacia la manera en la que quiero vivir.
Y muchas de las cosas que hoy forman parte de mí nacieron precisamente de haberme permitido mirar hacia ese otro lado.
Avanzar no siempre significa seguir el camino marcado
También he aprendido que avanzar no tiene una única dirección.
A veces pensamos que avanzar significa volver cuanto antes a la vida que teníamos.
Recuperar nuestras rutinas.
Volver a ser quienes éramos.
Seguir haciendo lo que hacíamos.
Pero yo no quería volver exactamente al mismo lugar.
Porque yo tampoco era exactamente la misma.
Mi duelo me había cambiado.
Y quizá avanzar consistía precisamente en aceptar ese cambio y descubrir qué quería hacer con él.
Para mí, avanzar ha sido construir una vida en la que me reconozco más.
Una vida en la que intento elegir desde la conciencia y no únicamente desde la costumbre.
Una vida en la que proteger mi paz tiene más importancia que encajar.
Y una vida en la que ya no me asusta tanto descubrir que estoy caminando en una dirección diferente.
Hoy agradezco haber aprendido a caminar diferente
Nunca agradeceré que mi hija no esté físicamente aquí.
Hay aprendizajes que habría preferido no necesitar.
Pero dentro de la realidad que me ha tocado vivir, sí puedo agradecer algunas de las cosas que he descubierto sobre mí.
Y esta es una de ellas.
El duelo me dejó sola muchas veces.
Pero esa soledad también me permitió escucharme cuando ya no había tantas voces alrededor.
Me enseñó a cuestionarme cosas.
A elegir.
A avanzar.
A cambiar de dirección.
A mirar hacia el otro lado.
Y, sobre todo, me enseñó que no necesito caminar hacia donde camina todo el mundo para sentir que estoy construyendo una vida que tiene sentido para mí.
Hoy agradezco profundamente ese aprendizaje.
Porque quizá nunca habría descubierto algunos caminos si hubiera seguido mirando únicamente hacia donde miraban todos los demás.
“El duelo me dejó sola muchas veces, pero en ese silencio aprendí a escuchar hacia dónde quería caminar.”
Ana Belén

